La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

26 Febrero 2008

NOTAS SOBRE EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO DEL BIEN Y DEL MAL Y EL ÁRBOL DE LA VIDA

Apoyándose en el supuesto hecho de que Dios no menciona el árbol de la vida al principio de Gén 3, algunos autores suponen que estaba oculto y que no sería accesible hasta el momento en que el hombre primordial se apropiara del conocimiento del bien y del mal.


No es así, puesto que se menciona en Gén 2. Y no está prohibido comer del árbol de la vida, excepto si se prueba antes el de la ciencia. Y es que en este contexto no cabe aludir a una dualidad de árboles, de manera que se opongan uno a otro y sea necesario buscar un tercero, a no ser que entremos en el contexto de la alquimia o planteemos la problemática de los “opuestos”, muy diferente de la que existe entre el bien y el mal.

Para comprender el simbolismo del árbol del conocimiento conviene relacionarlo con el del Dragón. ¿Qué es lo que guarda el monstruo del umbral? El lugar sagrado, uno de cuyos símbolos es el árbol. Tomemos, por ejemplo, el simbolismo astrológico: si el "eje del Dragón" o eje nodal es el punto de contacto entre dos planos, el del "alma" y el del "espíritu", el árbol será el símbolo del espíritu o de la nueva existencia (por oposición a la Luna o "antigua existencia"). Y semejante árbol no sería otro que el de la vida.


¿A qué correspondería entonces el árbol de la ciencia? ¿Quizá a la trascendencia en su aspecto distanciador, en definitiva, lo mismo que el "eje del Dragón"? En la medida en que dicho árbol es uno de los del Paraíso, se supone que, no obstante el estado de "justicia original" del hombre primordial (con todos los poderes y capacidades que le acompañan), existe la posibilidad de perder esa condición. Y aquí la pista nos la suministra la figura diabólica, que en modo alguno se identifica con aquella serpiente "que se muerde la cola", con el ouróboros enlazado alrededor del árbol y que representa la sucesión indefinida de los ciclos cósmicos (ya sea para figurar el infinito cuantitativo, ya sea para expresar aquel eterno retorno de lo idéntico que, para los griegos, hace del tiempo "la imagen móvil de la eternidad").

La función del guardián del umbral (devorar a quien trate de llevarse el "tesoro" o profanar el lugar sagrado) y, en este caso, la prohibición de comer los frutos del árbol de la ciencia (que desempeña un cometido similar) es mostrar la diferencia de nivel entre el “iniciando” y el ámbito de lo sagrado. El monstruo, como el árbol del conocimiento, se sitúa en la encrucijada de los dos caminos, para advertir del peligro que implica la confrontación de ambos polos: o bien se acaba en un antagonismo sin fin (maniqueísmo), o bien uno de los dos absorbe al otro y se identifican; en cualquier caso, sólo Dios estaría por encima del bien y del mal, evidentemente sin igualarlos; y el hombre aprendería de Dios a distinguirlos. Pues, ¿qué es, en definitiva, el bien? Pensar que Dios es El que es, y la humanidad, su creación. ¿Qué es el mal? Creer que ocurre a la inversa o que ambos son lo mismo, por lo que no habría diferencia. Por eso Dios es el único que puede establecer lo que es el bien y el mal en las creaturas racionales, lo que no significa que Él pueda realizar indistintamente uno u otro, pues para Él no hay propiamente mal. El bien y el mal dicen referencia a la conducta de las creaturas racionales, no a Dios.

Por el contrario, el tentador aparece como alguien que, tácitamente, ya ha conculcado el mandato y, por tanto, realiza indistintamente el bien o el mal, a la vez que invita al hombre a hacer lo mismo, para elevarse así a la condición divina, de la que Elohim se mostraría celoso y que guardaría en exclusiva para sí mismo. De esta forma, quiere impedir que la humanidad acceda al árbol de la vida, para lo cual niega la distancia que separa a Dios del hombre (es curioso que el guardián que impide el acceso al árbol de la vida, una vez cometida la falta, sea un querubín, es decir, una de las más altas jerarquías angélicas, concretamente la segunda, que personifica el conocimiento espiritual).

Antes nos referíamos al simbolismo astrológico del "eje del Dragón" y lo poníamos en conexión con el árbol del conocimiento del bien y del mal. ¿Cabe alguna representación astrológica de la figura diabólica? El factor más adecuado sería el "eje de la Luna negra", en la medida en que viene constituido por dos extremos. Con todo, se trata simplemente de una tendencia o de una ocasión de transgresión, que alcanza su punto álgido cuando está en conjunción con el "eje del Dragón". En cuanto al "Sol negro", representaría los extremos de la Divinidad, sin que ello sea ocasión de culpa por parte de ella, claro está; más bien se trataría de su aspecto desmesuradamente fascinante y tremendo.

A partir de aquí podemos entender sin dificultad el simbolismo del árbol en general, que nos llevaría a hablar, entre otras cosas, de la posición con frecuencia invertida del árbol, lógica si acudimos a la representación que liga las raíces al mundo superior. Como símbolo del cosmos admite ser dividido en tres regiones, cada una conectada con un tipo de animal(serpiente, león, pájaro; o incluso tres aspectos del dragón, como se señala en el Yi-King). E igualmente puede relacionarse con las esferas celestes y los planetas. Es lo que, utilizando otro lenguaje, expresa Ramón Llull mediante un árbol cuyo tronco es la sustancia primordial de la creación, en tanto que las ramas y hojas serían los nueve accidentes.

El libro del Apocalipsis, al hablar de la Jerusalén celeste, menciona los doce frutos del árbol de la vida. Es la confirmación de que sólo la obediencia al mandato de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal permite participar sin riesgo del árbol de la vida y retornar al origen divino.

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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