La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

20 Febrero 2008

EL SUEÑO DE JACOB Y SU LUCHA CON EL ÁNGEL (Notas)

En el claustro de la Catedral de Gerona, en el relieve del pilar sureste, se representan algunas escenas fundamentales de la vida de Jacob: en la parte central, abajo, aparece Jacob dormido; a la izquierda, la escala con la que sueña, por la que suben y bajan los ángeles; a la derecha, el patriarca derrama óleo sobre la estela; en el centro, arriba, la lucha con el ángel. La visión en sueños de la escala nos ofrece una simbólica ascensional en la que cielo y tierra aparecen unidos por una sucesión de jerarquías angélicas cuya base es la "puerta del cielo" y en la cúspide de las cuales se encuentra Yehovah:

"Jacob salió de Bersêba y fue a Jarán. Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso por cabezal, y acostóse en aquel lugar. Y tuvo un sueño; soñó con una escalera apoyada en tierra, y cuya cima tocaba los cielos, y he aquí que los ángeles subían y bajaban por ella. Y vio que Yehovah estaba sobre ella, y que le dijo: ´Yo soy Yehovah, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la doy para ti y tu descendencia. Tu descendencia será como el polvo de la tierra y te extenderás al poniente y al oriente, al norte y al mediodía; y por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra, y por tu descendencia. Mira que yo estoy contigo; te guardaré por doquiera que vayas y te devolveré a este solar. No, no te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho.´

Despertó Jacob de su sueño y dijo:´¡Así, pues, está Yehovah en este lugar y yo no lo sabía!´. Y, asustado, dijo: ´¡Qué temible es este lugar!¡Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo!´. Levantóse Jacob de madrugada, y tomando la piedra que se había puesto por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella. Y llamó a aquel lugar Betel, aunque el nombre primitivo de la ciudad era Luz".(Génesis 28, 10-19)

El tema de la ascensión resulta bastante familiar en la simbólica tradicional: los "siete cielos", la sucesión de las esferas planetarias en La Divina Comedia de Dante, la experiencia en la que san Pablo es "arrebatado al tercer cielo". Por lo demás, la escala de Jacob tiene como base el centro donde confluyen las cuatro direcciones cardinales, expresando así la totalidad de la tierra. Y es la bendición de Yehovah la que, renovando la promesa hecha a Abraham, hace posible la dimensión universal del pueblo que de él surge. Es curioso constatar que el vocablo "Jacob" tiene como valor numérico 47, el mismo que el del "Nombre sobre todo nombre", lo que viene a confirmar la caracterización tradicional del patriarca como "tipo" del Mesías. Figuración que queda asimismo ilustrada por el valor numérico del vocablo "Betel", "Casa de Dios", que es también 47. En cuanto a la "Puerta del Cielo", su número es 130= 13.10; y sabemos que 13 es el valor del más simple de los nombres divinos, "El".


¿Qué significa el movimiento ascendente y descendente de las jerarquías angélicas a lo largo de la escala? Evidentemente, la mediación entre el cielo y la tierra, entre Yehovah y el género humano. Y es Jacob, representante de éste, el interlocutor de Yehovah y, por consiguiente, el que está llamado a recorrer los diferentes peldaños de la escala y, por consiguiente, a asumir incipientemente la función de mediador hasta que sea llevada a su plenitud: apenas es necesario insistir en el episodio de la "Ascensión más allá de todos los cielos" operada por el Mesías. Se comprende así el intervalo entre el "Lo hiciste poco inferior a los ángeles" y el "¿Pues a cuál de los ángeles le dijo: ´Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy´?".

A diferencia del texto anterior, que supone ante todo la renovación de las promesas hechas por Dios a Abraham y a Isaac, el pasaje que sigue nos presenta algo distinto: el reconocimiento por parte de Yehovah de la "fuerza" espiritual de Jacob, que dará nombre a su pueblo, Israel:

"Y habiéndose quedado Jacob solo, estuvo luchando alguien con él hasta rayar el alba. Pero viendo que no le podía, le tocó en la articulación femoral, y se dislocó el fémur de Jacob mientras luchaba con aquél. Éste le dijo:´Suéltame, que ha rayado el alba.´Jacob respondió:´No te suelto hasta que no me hayas bendecido.´Dijo el otro:´¿Cuál es tu nombre?´-´Jacob´- ´En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido.´Jacob le preguntó:´Dime, por favor, tu nombre´-´¿Para qué preguntas por mi nombre?´. Y le bendijo allí mismo.

Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues (se dijo):´He visto a Dios cara a cara, y tengo la vida salva.´ El sol salió así que hubo pasado Penuel, pero él cojeaba del muslo. Por eso los israelitas no comen, hasta la fecha, el nervio ciático, que está sobre la articulación del muslo, por haber sido tocado Jacob en la articulación femoral, en el nervio ciático."(Génesis 32, 25-33).

Encontramos en Jacob un singular atributo, la "claudicación" o cojera. En la mitología, Vulcano es un dios cojo, un "dios a medias, como para significar que su dimensión espiritual no ha llegado a desarrollarse plenamente. Por otra parte, Pierre Gordon nos recuerda que, en el curso de las danzas litúrgicas que acompañaban a la iniciación tradicional, la desigualdad de las fases lunares se representaba así: la mujer-Luna y, posteriormente, el hombre-Luna cojeaba o se desplazaba saltando sobre una sola pierna. A la larga, la cojera (derivada de algún accidente o deformidad en la pierna o en el pie) se convirtió en el signo de una iniciación superior y fue profundamente reverenciada como de origen divino (subsiguientemente, por imitación e inversión, semejante atributo viene a caracterizar también al Diablo: "El diablo cojuelo").


Todo ello nos da una pista para situar la experiencia del patriarca. A nuestro entender, no se trata simplemente de un episodio que caracterizaría a Jacob como un ser cuya dimensión espiritual aún no ha llegado a desarrollarse plenamente, como si de un "dios cojo" a la manera de Vulcano se tratase. La cojera no aparece aquí como un signo de imperfección, sino más bien como un símbolo del poder divino, que deja su trascendente impronta en el hombre "natural" o religioso. Es curioso observar que, astrológicamente, la articulación femoral viene significada por el comienzo de Sagitario. Concluido el proceso de "muerte" o transformación iniciática, simbolizado por el Escorpión, se trata de comenzar a andar por el nuevo mundo; entre Escorpión y Sagitario se sitúa, pues, el fundamento o principio de la "locomoción": de no funcionar la citada articulación, le será imposible al iniciado desplazarse por el nuevo ámbito (y lo mismo ocurrirá en el caso de traumatismo en el pie, aunque, según la simbólica, éste último impediría, en el mundo espiritual, una aclimatación más avanzada, como corresponde a Piscis). Pues bien, Jacob es golpeado por el ángel de Yehovah justamente ahí, como para significar que la esfera divina que desde ahora se le abre sólo podrá ser recorrida por él con dificultad, pues se trata de un ámbito que supera las fuerzas humanas y, en consecuencia, sólo es accesible como un don, de manera gratuita.

El golpe que produce la cojera sugiere a la vez la idea de una "confirmación", la cual va con frecuencia asociada, como se sabe, a una "bofetada" o a un "espaldarazo" rituales, a través de los cuales se transmite el don espiritual. Además, el golpe va seguido de una bendición, como para significar que la majestad y el poder divinos no impiden la cercanía de la clemencia o de la gracia.

Es interesante hacer notar que el valor numérico de "en el nervio ciático" es en hebreo el mismo que el del vocablo "Israel", es decir, 64. Otra manera de decir que la "victoria" de Jacob sobre Dios, a través de la cual adquiere su "nombre nuevo", su nombre "iniciático", se expresa en la cojera. Por ella, Israel sabe del "rigor" divino; por la bendición, conoce la misericordia. Si Jacob "vence" a Dios, y es herido por él, "merece" ser bendecido, aunque, por el momento, Dios no acceda a revelarle su nombre (1)(ver abajo ASPECTOS NUMÉRICOS), que sólo será comunicado a Moisés en el Sinaí (cf. en archivo el artículo "Desde la zarza ardiente").

Tras la marcha del ángel, Jacob llama a aquel lugar "Penuel", nombre con el que expresa su asombro porque "ha visto el rostro de Dios y, no obstante, ha podido seguir viviendo". Una experiencia excepcional si recordamos el texto bíblico "Nadie puede ver a Dios y seguir con vida". Si consideramos el valor de "Penuel", 54, llegamos a una conclusión fulgurante: 54 es también el número de la "alianza". Y para que exista alianza debe existir una cierta igualdad y reciprocidad. Así, Dios se pone al nivel de Jacob y le permite luchar con él como se disputa con un aliado o compañero. Una escena frecuente en los textos bíblicos que, en diferentes contextos, nos presentan a este o a aquel justo presentándole sus "quejas" a Yehovah o suplicándole que modifique sus propósitos, "pidiéndole cuentas" por tal o cual suceso o, en fin, lamentándose por el desarrollo de los acontecimientos y exigiéndole que "se levante y ponga remedio de una vez". En el Mesías, la alianza (que implica a la vez diálogo y discusión) entre Yehovah y el justo se hará definitiva, y marcará la pauta del nuevo pueblo que "lucha con Dios y lo vence".

(1) ASPECTOS NUMÉRICOS


Dicho nombre es el Tetragrama, cuyo valor númerico, 26, está conectado con el 64 de "Israel". En efecto, si, conforme a la pronunciación del Tetragrama ("Yehovah"), reconocemos a la letra Váu un doble sonido, vocálico("o") y consonántico ("v") y sumamos su valor numérico por dos veces, obtendremos el número 32, la mitad de 64. Entre el Tetragrama (Iod-He-Váu-He), de valor 26(=10+5+6+5) y el "Nombre sobre todo nombre" (Iod-He-Schin-Váu-He), que vale 47(=10+5+21+6+5), se halla el 32(=10+5+6+6+5), valor de Iod-He-Váu-Váu-He; y en el 32 está implícito el 47. Veamos: la diferencia entre 47 y 26 es 21, valor de la letra Schin, símbolo de la naturaleza humana del Mesías. Ahora bien, ese 21 es el "triangular" de 6, valor de Váu, el "Hijo". Por eso la doble Váu que contamos para obtener 32 en la fórmula del Tetragrama aparece como expresión de la doble naturaleza (aún sin desarrollar) del Hijo, que encontrará cumplida realización en el "Nombre sobre todo nombre", en el que la doble naturaleza se mostrará bajo la forma acabada Schin-Váu(=21+6). Es decir, Iod-He-Schin-Váu-He, de valor 47.

Así, pues, 32 es un paso intermedio entre 26 y 47. De manera que 64, el número de "Israel" es del linaje de 32, del mismo modo que 47, número de "Jacob", dice relación al Mesías, cuyo "tipo" o "figura" es.




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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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