La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

27 Enero 2008

NATURALEZA Y GRACIA: LOS NIVELES DEL SIMBOLISMO ASTRAL

Supuesto el carácter conjetural del saber astrológico, los diferentes símbolos pueden referirse a la "naturaleza" en cuanto modificada y perfeccionada por la gracia. Compárese esto con la astrología estructuralista y se percibirá la diferencia: en ésta última se trata de un "yo trascendental" abstracto, que reduce el ser divino a un "Sí" como el del Vedântâ, es decir, a una identificación ilegítima del hombre con Dios.

En la concepción cristiana, la experiencia de Dios es algo que nos rebasa, que no está al alcance de nuestros esfuerzos, con lo cual cada uno de los símbolos o de las épocas (cuando se trata de una progresión) estará marcada por la impronta de la deificación.

Conviene, pues, "fijar" las características de los símbolos de acuerdo con el nivel espiritual alcanzado. A este propósito, un principio general es el siguiente:"Hay que ir más allá del «unitarismo» esotérico, del «monismo» sin más, en sus diferentes variantes. Solo así se podrá rebasar el ámbito de la «naturaleza» sin «naturalizar la gracia»".

¿Cuáles serían los niveles en cuestión? Quizá fuese conveniente hablar de "principiantes", "aprovechados" y "perfectos" (a la manera de S.Juan de la Cruz), o bien de vivencia "intelectual", "emocional" e "instintiva" de la presencia divina, o también de experiencia "episódica", "frecuente" y "permanente" de Dios (tomando como referencia la cualidad de la oración). Llegaríamos así a una interpretación astrológica en consonancia con el grado de avance espiritual. En cualquier caso, el hito primario y fundamental es comprender, más allá de toda mentalidad "esotérica", la necesidad de la oración, lo cual supone la recta comprensión del concepto "Dios". Por consiguiente, una operación previa a la interpretación es averiguar el "grado de oración" que define a una persona. Supuesta una actitud de fe, es claro que la mayoría de las personas se situarán en el primer estadio, a saber, el de la oración "episódica"; muchos menos, en la oración "frecuente"; y unos pocos, en la oración "continua" o "permanente" (actitudes muy distintas de la pura "conciencia de sí" en sus diversos grados; sin entrar en el carácter propiamente "invertido" de esa conciencia, es indudable que una actitud semejante desembocaría como mínimo en un egotismo injustificable).

A la vista del "grado de oración", el simbolismo se aplicará en uno u otro sentido y, a partir de ahí, cualquier aspecto o posición planetarios recibirá una orientación en consonancia con el nivel espiritual de la persona a la que se refiere.

Por ejemplo, para una persona del primer nivel, las expectativas contarán con una reorientación básica de la vida hacia el polo divino, con lo cual los aspectos positivos se potenciarán, en tanto que los negativos se contrarrestarán en parte o, al menos, plantearán una lucha en orden a un control adecuado de los mismos. Pero esto no ocurrirá normalmente, sino de manera episódica o puntual.

En el caso de una persona del segundo nivel, lo dicho anteriormente conserva su validez, y la balanza se inclinará sensiblemente del lado de la búsqueda de la perfección y de la superación del egoísmo.

En cuanto al último nivel, se trata evidentemente de una reorientación de la vida en todos los aspectos. Los conflictos suelen desaparecer rápidamente una vez que la persona está enfocada en la oración continua.

Así, pues, el esquema astrológico ha de tomarse siempre desde la óptica adecuada, de manera que la interpretación del mismo deviene cada vez más globalizadora, justamente en la medida en que la atención se dirige al "centro". De otro modo, la persona vive su existencia como una serie de fragmentos yuxtapuestos o ensamblados exteriormente.

Por lo tanto, desde el primer nivel al tercero, el sujeto progresa desde una vivencia fragmentaria de su existencia, en la que la unidad se hace presente de manera episódica, hasta una experiencia globalizadora de las distintos símbolos o dimensiones de su ser, pasando por la experiencia frecuente del "centro".

Así, en el primer caso, la experiencia del símbolo "Sol" será la de una fuente de irradiación que se identifica con Dios, tal como es conocido por la razón humana, pero también como el que se revela a sí mismo en Cristo, aunque esta vivencia no sea todavía predominante; en el nivel intermedio, designará la luz de Cristo como virtud configuradora de la existencia, aunque sea de modo imperfecto; por último, en el tercer nivel, el símbolo en cuestión apuntará a una experiencia mística lograda, cualesquiera que sean sus manifestaciones.

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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