La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

25 Enero 2008

VARIOS NIVELES EN LA INTERPRETACIÓN DE LOS SÍMBOLOS

1)Determinista, y así las diferentes señales se interpretarían como causas unívocas cuyo efecto no es posible eludir:"sumisión". No habría diferencia en el modo de recibir las energías astrales entre seres racionales e irracionales; todos se comportarían como entes puramente corpóreos, obedientes a las jerarquías angélicas que gobiernan el mundo por delegación de la Providencia.

2)Indeterminista:"Astra inclinant..." ("rebelión"). Los entes humanos, en cuanto al cuerpo, siguen la inclinación de los astros. No así el espíritu, que reacciona a las energías astrales con libertad, aunque tal libertad haya de "conquistarse" previamente frente a la resistencia del cuerpo.

3) Signos sólo comprensibles desde la ciencia divina ("libertad" o "liberación"?): la ciencia divina, que se mueve en el "eterno presente", no anula la libertad humana. Evidentemente, no hay que entender ninguna señal aisladamente, sino como formando parte de una figura irrepetible (aunque sobre el fondo de una repetición parcial. ¿Es la multivalencia del símbolo una característica que pertenece a su esencia? Puesto que los "hechos" son en número indefinido, hay que decir que la multivalencia es típica del símbolo. La descripción de la existencia no es justiciable en términos de pura irrepetibilidad, pero tampoco de pura repetición.

Así, un "aspecto" se repite, aunque ocurra en distintos signos; incluso repitiéndose en los mismos signos, es simultáneo de otros que no se repiten, etc. Y si tomásemos como referencia la irrepetibilidad, llegaríamos a la constatación tomista: "De singulis non est scientia", puesto que la ciencia es inseparable del encuadramiento de un elemento en un marco universal o general. Sólo Dios puede conocer nuestra singularidad y, a retazos, aquél a quien Él se lo comunicare. Y aquí aparece la noción de interdependencia entre los individuos, que, desde la perspectiva del Dogma, se traduce en la idea de "Cuerpo Místico".

¿Qué hay de común en los tres niveles? Tan sólo la "esencia" del aspecto astral, las "notas" que lo caracterizan y que hacen que Saturno y Neptuno, por ejemplo, creen una "atmósfera" muy diferente de la que determinan Júpiter y Venus o cualquier otra pareja o conjunto de planetas. Pero en el primer nivel afectará directamente al cuerpo; en el segundo, al alma, que ya no se comporta pasivamente frente al aspecto, sino también de manera activa; en el tercero será el espíritu el que, liberado de los condicionamientos astrales y aceptándolos en lo que son, se eleva a la consideración de la jerarquía angélica que los dirige de forma vicaria y a Dios que los utiliza para su gobierno providente.

Una pregunta fundamental: ¿Qué pensar de la idea del "eterno retorno" desde el punto de vista astral? En rigor, si los acontecimientos del mundo dependiesen únicamente de los movimientos de los astros, la repetición de los aspectos planetarios al cabo de una era, por larga que fuese, implicaría el "eterno retorno de lo mismo". Hay que decir, sin embargo, que los movimientos astrales no son la única causa de los acontecimientos: está la voluntad de los seres racionales y, en último extremo, la voluntad divina que todo lo dispone. Y, como símbolo de la irrepetibilidad de la existencia humana, la serie indefinida de los números: de manera que, supuesta la repetición de los ángulos astrales al cabo de una "era", los sucesivos retornos se diferenciarían entre sí como los números. Semejante irrepetibilidad es el reflejo de la unicidad divina, de un modo análogo a como el tiempo es "la imagen móvil de la eternidad". Y el reflejo más elevado de la unicidad son los números primos.

Surge ahora otra cuestión: ¿Cómo conciliar el carácter indefinido de la existencia con la concepción cristiana, lineal del tiempo? En alguna ocasión nos referíamos a que la limitación del tiempo histórico quizá se haga en función de los primos, de modo que, aun siendo limitado el tiempo, no sea cíclico. Lo que significa que la irrepetibilidad es una cualidad del único y, de un modo reflejado, del tiempo lineal medido por algún número primo.

Y otra pregunta, íntimamente relacionada con las anteriores: si a cada persona corresponde un número primo, ¿sería posible calcularlo? Ya sea por la fecha de nacimiento, ya por la cifración del nombre, podríamos llegar a él. Caso de que no fuese primo el resultado, diríamos que el número de la persona en cuestión se sitúa, como es lógico, entre dos primos, uno superior y otro inferior.

En este sentido, podríamos abrirnos a la ciencia divina a la que alude en el apartado 3) mediante uno de esos dos primos. Recordar, por otra parte, que todo primo puede escribirse bajo la forma "6n +/- 1" [así, 17=(6.3)-1], pero no todo número que obedezca a esa fórmula es primo [por ejemplo, (6.4)+1 no es primo].

Una hipótesis: si la duración de la historia es limitada y se mide por un número primo, ¿ocurrirá también que cada persona nace en un momento mensurable, en días, horas o minutos, por un número primo, siempre a contar desde el comienzo del mundo?

Una cuestión básica y relacionada con la interpretación: sea cual sea el nivel de interpretación, la posibilidad de "conocer" el futuro en modo alguno supone menoscabo de la libertad de la persona que lo construye. En el caso de que la interpretación sea mera conjetural, la cosa es clara; si la interpretación "participa" de algún modo de la ciencia divina, a fortiori: lo contrario equivaldría a negar la libertad, condición necesaria para la salvación.

Una distinción importante: el "eterno retorno" supone un número finito de elementos que se repiten; sólo desde el infinito, o, para ser más exactos, desde lo indefinido, se puede superar esta concepción. Sin embargo, la concepción cristiana de la historia, lineal, no se basa en lo indefinido (a no ser en el sentido de una prolongación indefinida de la existencia del alma, considerada al margen del cuerpo, así como en una "perpetuación" de la materia, que "ni se crea, ni se destruye"), sino en una duración limitada que se mide por el número primo (¿cómo si no podría mantenerse a la vez su condición de reflejo del Único?).

¿Cabe comprender la frase platónica "El tiempo es la imagen móvil de la eternidad" en un sentido más satisfactorio que el habitual? Quizá pueda hacerse confluir con la idea del tiempo indefinido. Es decir, si la eternidad es superación y negación del tiempo; y el "eterno retorno", la repetición indefinida de un número finito de elementos (y el propio apelativo de "indefinida" la hace entrar en contradicción consigo misma, puesto que impide al tiempo cerrarse sobre sí mismo, a diferencia de la eternidad), el tiempo como "imagen móvil de la eternidad" comporta una "espiral de revolución", por naturaleza abierta, en contraposición al carácter universal y cerrado de la eternidad.

¿Qué implica en último extremo la concepción cristiana del "Reino de Dios" como fin de la historia? De un lado, la perpetuación de la existencia humana, expresión del tiempo indefinido; de otro, el acceso de esta misma existencia a la inmutabilidad propia de la eternidad, bien que de manera participada. Entretanto, la historia de cada hombre, que se interrumpe en la muerte, como la historia de la humanidad, implican un intervalo temporal (mensurables ambas por un número primo, ya sea en años o en días?).



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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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