PARA UNA DESCRIPCIÓN ASTROLÓGICA DEL MUNDO

¿Cabe una descripción completa del mundo desde esquemas astrológicos? Sí, en los planos mineral, vegetal y animal; no en el humano integral (en el que interviene la libertad: "sapiens dominabitur astris").
Por lo tanto, supuesto un tema astral y utilizando los diferentes sistemas de progresión, puede describirse la existencia humana en cuanto situada ante determinadas opciones y describir por anticipado esas opciones.
Lo primero que cabe describir es el temperamento, la índole del yo encarnado, en base al ASC., su regente y los planetas directamente relacionados. Como es lógico, aquí es donde principalmente se ejerce la libertad.
¿Por qué se identifica al yo con el Asc.? Porque es la correspondencia microcósmica del punto vernal, encrucijada de la eclíptica y el ecuador. Quien dice encrucijada dice unión o fusión, pero también separación o alejamiento, indeterminación en cuanto al camino a seguir (solar o terrestre en el plano global o vernal; solar o terrestre en el plano local; solar o lunar en el plano de los nodos lunares). Por otra parte, semejante encrucijada supone una jerarquización de los dos polos o planos que la determinan: el solar es superior al terrestre y al lunar, puesto que se refiere a un plano más amplio que los otros dos. Se puede hablar, por tanto, de la intervención de espíritu, alma y cuerpo en el acto voluntario: una cosa es dominar el alma, y otra, dominar el cuerpo. Es el espíritu el detentador de esa capacidad radical, por más que haya sido vulnerado en la "caída". Y el simbolismo astral asociado al ASC. y sus factores concomitantes describe el cómo de esa capacidad, pero no puede fijar su "intensidad" o su alcance. Sí puede afirmar la conjunción o la no conjunción de ambas capacidades (de controlar al alma y al cuerpo), sus posibilidades directas o indirectas de ejercer tal capacidad, pero le es imposible pronunciarse sobre su efectivo ejercicio.
Lo segundo es la realidad circunstancial, definida por las once casas restantes (adquisición, parientes, hogar, obras, servicio, matrimonio, muerte, pensamiento, amigos y dificultades); en ella residen ante todo los condicionamientos (no en vano su punto culminante es el MC.). Los aspectos formados entre las diferentes casas y el ASC. (30, 60, 90, 120, 150 ó 180 grados) nos darán una idea de la mayor o menor resistencia que encuentra la voluntad en las distintas dimensiones de la "circunstancia", a la vez que los aspectos formados entre el regente o los planetas del ASC. y los regentes de las casas. Esto en el plano del tema radical; para comprender los distintos estadios en el desarrollo de la voluntad libre habrá que distinguir entre los aspectos determinados por los diferentes factores cuando se mueven respecto al ASC.(aquí la voluntad es reactiva) y los formados por el ASC. o su regente cuando avanzan en relación con otros, considerados fijos(en cuyo caso, la voluntad es activa).
¿Cómo modifica la libertad aquellos condicionamientos previos? Mediante los aspectos del ASC., su regente y los planetas conectados a todas las demás casas y factores. La índole del aspecto ("benéfico" o "maléfico") nos hablará de la mayor o menor dificultad para remover el "obstáculo", al igual que la ausencia de aspectos supondrá un empobrecimiento de los recursos de la libertad o, en todo caso, de las ocasiones para ejercitarla.
"Yo soy yo y mi circunstancia": ¿una buena descripción del yo situado en el "centro", que es el yo total y que se compone del yo parcial(=ASC. y factores concomitantes) y de la circunstancia (=las once casas restantes)?
Si fuese posible separar el espíritu del cuerpo cabría hablar de los diferentes aspectos como referidos a un yo inmortal, el del espíritu, que se asemejaría de esta forma a los espíritus angélicos. Podríamos hablar entonces de las posibilidades de respuesta a los distintos ángulos astrales, sabiendo que el espíritu no muere. Pero esta consideración sólo sirve para la vida póstuma del espíritu y, además, con todo tipo de salvedades: en el caso del Purgatorio, el espírituse encuentra en estado de pasividad y espera completas; en el caso del Cielo, el espíritu ha escapado completamente a la influencia de los astros; en el caso de la existencia infernal, lo decisivo es elestar sometido al poder diabólico.
¿Qué pensar entonces de las reflexiones de la metafísica oriental a propósito de la condición póstuma del ser en función del simbolismo del instante de la muerte ("fuego, luna creciente, semestre ascendente del Sol hacia el norte. Bajo estas condiciones van a Brâhma los que conocen a Brâhma..", etc.). Se supone, por tanto, el conocimiento, de manera que no es posible extraer consecuencias a partir de las meras condiciones astrales.
¿Qué tipo de contemporaneidad se da entre la existencia terrestre y los demás planos del ser?
A) Respecto de Dios: la eternidad equidista de cada uno de los momentos del tiempo, ya que es "interminabilis vitae tota simul ac perfecta possessio".
B) Respecto de los ángeles: puesto que fueron creados inmortales antes del primer hombre, permanecen siempre los espectadores del ciclo global del cosmos y de la humanidad. En cuanto a las características de la eviternidad, se puede hablar de un tiempo discreto, no continuo, como el del hombre.
C) Respecto de las almas del Purgatorio: un "evo" semejante al de los ángeles, pero en régimen de sufrimiento expiatorio y que, en lugar de comenzar al principio del mundo, empieza con la muerte del hombre todavía no liberado.
D) Respecto de las almas del Cielo: semejante a la eternidad, pero comenzando con la muerte del hombre santo.
E) Respecto de los hombres que vivan en épocas futuras: ningún contacto que no sea a través del Ser divino, en cuya mente están las ideas de todos los seres futuros.
¿Cómo representar los planos anteriores desde un tema astral? Para los seres humanos que han vivido o vivirán, tan sólo puede haber una figuración indirecta, a través de "regresiones" o progresiones. Para los seres angélicos, mediante "regresiones" al pasado más remoto, al comienzo de la creación. Para las almas del Purgatorio, a partir del tema del instante de la muerte. Para Dios, de ninguna manera, a no ser de un modo absolutamente genérico (casa IX, etc.).
