"TRIGO" Y "CIZAÑA"

Decía Oswald Spengler que "la historia nunca será entendida por los lectores de periódicos". Para comprenderla se requiere la suficiente perspectiva. Por eso el comienzo del nuevo milenio nos da ocasión de reflexionar sobre el tiempo de un modo no meramente anecdótico. Y, puesto que contamos a partir de
Para entender el simbolismo del tránsito al tercer milenio, conviene partir no del año 1, o sea, del principio de
¿Por qué? Por el paralelismo entre los "seis días de la creación" y los seis últimos milenios de la historia. Ahora bien, de un modo análogo a como los seis días culminan en el "descanso", que eso significa el "shabat" o día séptimo, los seis milenios (nuestra Era comenzó con el quinto) desembocarán en el "reposo" del séptimo milenio.
No cabe ahora profundizar en la índole especial de esta entrada en el séptimo milenio, ni aportar reflexiones detalladas al respecto. Nos limitaremos simplemente a señalar que, a imagen del séptimo día, semejante inicio habrá de concebirse como un intervalo sui generis que apenas puede considerarse ya como temporal.
Un intervalo del que pueden darnos idea algunos síntomas de nuestro entorno: la vaciedad y monotonía del tiempo, a la vez que su fantástica aceleración, la pérdida del sentido de la fiesta, la actitud de quien ha perdido la memoria y tampoco espera nada, la sensación de que puede pasar cualquier cosa, la confusión entre realidad y ficción, la impresión de provisionalidad extrema, el vivir el presente "puro" y "efímero", el deslizamiento acelerado del mundo hacia la parodia y el simulacro, la vulgaridad rampante, el "carnaval continuo" y, por tanto, vacío, el imperio de los peores, el eclipse de la inteligencia, la aversión a la honradez, la pérdida del alma, la muerte espiritual de millones de personas, la depresión galopante, el terror sin nombre y sin objeto.
En todas las épocas hubo santos y perversos, pero la zona predominante era la intermedia, la de las personas simplemente buenas o relativamente aceptables. Lo novedoso, lo apocalíptico, lo actual es la separación cada vez más radical entre dos tipos de seres: los sencillamente excepcionales, en clara minoría, y la "basura" humana, con una zona intermedia siempre en disminución. De los primeros "el mundo no es digno", y se distinguen por lo siguiente: la paz interior, la capacidad para aguantar toda suerte de vejaciones e insultos a la inteligencia, la paciencia (frente a la desmemoria, la miseria moral, la desfachatez sin fronteras, la arbitrariedad creciente...), el voluntario hacerse cargo de responsabilidades de las que otros hacen dejación, la resistencia heroica frente al mal desenfrenado, la no capitulación ante la idiotez ambiental y la necedad de todo tipo (variadísima es, al decir de Quevedo, pero la científico‑tecnológica no es la menor), todo ello sin perder de vista el horizonte de la eternidad, siempre abierto a los ojos de la bondad.
Así, pues, frente al degradado "vivir el presente" de unos, la apertura a la eternidad de los otros. A buen entendedor...


eleremita dijo
Impresionante discurso pre-apocalíptico. Menos mal que no eres uno de esos "sencillamente exepcionales" y no podrás contagiarlo a mucha gente...
Por la parte positiva, es agradable ver que te revuelves, aunque te sugiero que intentes encontrar el 'oscuro objeto de deseo' en tu propio interior tal como te enseñó el que aceptaste como tu Maestro.
Saludos
6 Enero 2008 | 07:27 PM