LAS 7 MORADAS DE SANTA TERESA Y LOS 7 PLANETAS

¿Cabe simbolizar las 7 moradas de que habla santa Teresa mediante los 7 planetas tradicionales? Para ello es necesario partir de dos supuestos: a) Todas las moradas tienen algo de "sobrenatural", aunque distingamos entre moradas ascéticas y moradas místicas. Sólo hay un camino, dividido en 7 etapas, a la manera de una ascensión. b) A medida que se avanza en el camino espiritual, las moradas se van haciendo más y más abarcantes, lo que nos permite establecer un paralelismo con la índole de los "cielos", cada vez más extensos. Evidentemente, se trata de una transposición analógica que, partiendo de las cualidades definitorias de cada planeta, las eleva y las vuelve "eminentes" a partir de la descripción del camino espiritual que hace santa Teresa. Para la exposición somera de las distintas moradas nos inspiramos en el texto de Arintero, "La verdadera mística tradicional".
Descripción de las diferentes moradas
1ª: El alma empieza a huir del mundanal ruido y a entrar en sí misma. "Oración con consideración", o sea, con conciencia de lo que se hace. Algunas veces se eleva a pensar en la bondad y la grandeza de Dios, no obstante estar apegada a "asuntos y negocios no necesarios". Luna: cambio continuo, inestabilidad, apertura a toda influencia y, por ello mismo, ansia de estabilidad (no olvidar que estamos en el ámbito sobrenatural, siquiera sea de modo incipiente).
2ª: Fácilmente se abstiene el alma de cometer pecados graves, evitando peligros y ocasiones. Comienza a tener oración. A veces, en medio de la oración (más bien discursiva o de meditación, por lo general), reciben inspiraciones de lo Alto, que van disponiendo al alma y llevándola cada vez a mayor soledad "para hablarle al corazón". Mercurio: reflexión, consideración, capacidad de comprender y, por consiguiente, actitud de escucha ante lo que nos rebasa.
3ª: Experimenta el alma cierto influjo de los dones de temor de Dios y de piedad, que la mueven a ejercitarse en una oración más afectiva que discursiva. Luego comienza la "noche del sentido": duras pruebas, oscuridades y sequedades en la oración, trabajos interiores, a fin de que saque el alma de ellas humildad, que siempre va acompañada de "paz y conformidad". Venus: primacía del amor y de la empatía, que reclaman tarde o temprano la superación de todo afecto no purificado o todavía mundano.
4ª: Empiezan a despertar los "sentidos espirituales" y el alma comienza a oír claramente la voz del Amado: recogimiento infuso producido de repente y sin ningún esfuerzo, incomparablemente más fructífero que el adquirido con nuestros esfuerzos. Tránsito del modo humano de hacer las cosas al sobrehumano. Sólo mediante este grado de oración puede detenerse el pensamiento sin causar más daño que provecho. Sigue luego la oración de quietud, en la que Dios cautiva la voluntad y la hace sentir grandes gustos y consuelos sobrenaturales, muy superiores a los contentos que pueda tener en la meditación. El alma se percata de que lo importante no es pensar mucho, sino amar mucho. En semejante grado de oración, las potencias no están propiamente unidas a Dios, sino embebidas en él. Sol: energía, voluntad, autoafirmación y autoconciencia, que serán transformadas desde arriba con vistas a reflejar en lo sucesivo los tesoros de
5ª: Oración de unión, de manera que quien estuvo una vez en tal estado jamás podrá poner en duda que estuvo en Dios y Dios en él, una manifestación de la sola Divinidad: todas las potencias están unidas con Dios, de manera que el alma comienza a sentir a Dios dentro de sí misma. No podemos hacer nada para que el Señor nos haga esa merced, pero podemos hacer mucho disponiéndonos. Deseos de penitencia grandísimos, gran pena por las ofensas de que Dios es objeto. Dios nos permite gozar ya aquí en la tierra de este tesoro escondido, con tal de por él demos cuanto tenemos y somos. Al margen de favores extraordinarios, que Dios otorga cuando quiere, la mística unión se alcanza amando a Dios de todo corazón y al prójimo como a nosotros mismos. Marte: fuerza, determinación, fogosidad, arrojo, que han de ser purificados mediante la unión con Dios y la renuncia a todo lo que no es él.
6ª: Unión extática, en que el alma llega a perder el uso de los sentidos. Desposorio místico, que va acompañado de grandes favores (toques divinos, heridas de amor, ímpetus, raptos y vuelos del espíritu: el alma no sabe si en el cuerpo o fuera de él) y terribles pruebas de la pavorosa noche del espíritu (persecuciones de los buenos, ausencias de Dios), que la hacen prepararse para el místico Matrimonio. El alma siente perdonadas sus culpas y con deseos de abandonar este mundo. Júpiter: benevolencia, favor, expansión, protección, que, convenientemente purificadas, nos ponen en disposición de acercarnos al Matrimonio Espiritual.
7ª: Oración continua, unión íntima y estable con Dios (ya no padece éxtasis ni raptos, sino que el alma queda insertada en
