La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

18 Diciembre 2007

EN TORNO A ABRAM Y A LA ASTROLOGÍA

-El supuesto autor del "Sefer Yetsirah".

-Dice el Zohar que la "parentela" de Abram (que Dios le invita a abandonar) es el saber astrológico, ocasión de idolatría si es entendido en sentido determinista.

-¡Cuidado con el "hechizo" astrológico, que tiende a paralizar la acción a fuerza de querer reducirlo todo a comprensión! Puede darse una búsqueda vertiginosa de conocimiento, una extraña embriaguez, una verdadera "droga" que lleva a la inacción.

-La voluntad es más central que el entendimiento.

-Guardarse de la "autarquía" de índole astrológica.

-No olvidar que los movimientos astrales dependen de las voluntades angélicas, de manera que ellas actúan así en obediencia a la Voluntad divina, que ha querido instaurar en el mundo este orden y no otro, de un modo análogo a como ha querido esta historia de la salvación y no otra. Y la historia de la salvación es el resultado de la voluntad de la humanidad transformando unas veces los movimientos astrales y dejándose arrastrar por ellos en ocasiones.

- ¿Cabe aplicar aquí la noción de sincronicidad, en el sentido de que tales ángulos astrales ocurren en simultaneidad con tales acciones? Pero entonces, ¿por qué ciertos ángulos son simultáneos de acciones buenas en unos seres humanos y de malas acciones en otros? ¿Existe un "sujeto" único, fundamental o universal al que se refiera semejante sincronicidad? Evidentemente, hay un tema universal para cada lugar, lo que se llama el tema vernal, y, como decía Boulainvilliers, un tema radical de la Tierra, el del principio de la creación (otra cosa es que sea posible calcularlo, aunque siempre podamos intentar, desde cualquier instante o situación, establecer "regresiones" o tránsitos "conversos"), y otro de la humanidad en su conjunto.

-Con todo, hay que hablar no sólo del "Cuerpo Místico" (puesto que no abarca a todos los hombres: hay algunos que se autoexcluirán de él por propia voluntad), sino también de la "massa perditionis". Y la discriminación entre ambas es obra del Juicio Universal, aunque los juicios individuales ya anticipen el resultado, si bien no de manera pública.

-Por consiguiente, si un mismo ángulo astral ocurre en simultaneidad con dos destinos diferentes, el del bienaventurado y el del réprobo y fuese significativo a la vez de ambos, está claro que resultaría equívoco. Por tanto, aquí interviene algo diferente: la voluntad de cada ser humano, que secunda la gracia divina o la rechaza.

-¿Qué analogía puede existir entonces entre el mundo físico, el humano y el angélico? ¿Acaso los símbolos planetarios pueden utilizarse para designar estados humanos o angélicos? La respuesta es afirmativa, ya que se trata de simbolizar niveles de experiencia, que siempre parten, por supuesto, del comportamiento libre de cada persona.

-Naturalmente, en el mundo físico está ausente la libertad y la moral brilla por su ausencia (y esto nos permite entender el adagio socrático de que es más culpable el que realiza el mal por ignorancia que el que lo hace a sabiendas: la ignorancia es aquí un "dejarse llevar", la renuncia a la propia condición racional y libre, la pretensión de vivir como mero cuerpo, haciéndose esclavo de la animalidad; ¿algo así como un dejarse arrastrar por la inclinación "tamásica"?

-Sería muy fructífero aplicar esto a quienes consultan los astros para escudar su conducta en el movimiento de los mismos y en los ángulos que forman. En definitiva, quienes así actúan se identifican con su condición material. De ahí la advertencia contra la astrología determinista). En cambio, en el mundo humano es la libertad la que decide, enfrentada, eso sí a las fuerzas astrales. Y el angélico viene definido por la pura liberación de la materia, aunque la caída arrastre a los espíritus diabólicos a una actitud de servidumbre o de envidia hacia ella.

-¿Qué añade la gracia a la realización humana "natural"? La posibilidad no sólo de liberarse de la condición material y de ejercer la voluntad libre en toda pureza, de un modo análogo al de los ángeles, sino también de ser "uno con Dios" a imagen de Cristo, el "primogénito de muchos hermanos".

Lo importante: la docilidad a Dios más allá de toda influencia. Lo normal: que el hombre sirva a Dios; lo anormal: apartarse de él.

Una pregunta difícil de contestar: si el movimiento de los astros no es decisivo a la hora de explicar el comportamiento moral o espiritual del hombre, ¿cuál es su función? Parece evidente que no es otra que la de dirigir el devenir de los seres naturales. Aun cuando no hubiese tenido lugar el pecado original, los movimientos astrales hubieran existido, si bien bajo el perfecto control del hombre. Fue la "caída" lo que introdujo un descenso creciente del género humano, que quedó cada vez más sometido a la influencia astral, y no sólo en lo que se refiere a los malos aspectos, sino también en lo que afecta a los buenos.

¿Se puede decir que la astrología permite una descripción de las características psicológicas? Sí, pero con la salvedad de que hay que entenderlas de modo análogo y, por tanto, no determinista.

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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