La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

7 Diciembre 2007

VISIÓN DE LA FIESTA DE LA CONCEPCIÓN DE MARÍA


(Narrada el 8 de diciembre de 1819)

“Después de pasarme toda la noche, hasta la madrugada, en un terrible cuadro de la abominación de los pecados del mundo entero, me volví a dormir y fui arrebatada al sitio donde estuvo el Templo en Jerusalén, y luego más lejos, a la comarca de Nazaret donde antaño estuvo la casa de Joaquín y Ana y cuyos alrededores todavía reconocí.

Allí vi surgir de la tierra una fina columna de luz como el tallo de una flor. La columna sostenía la aparición de una refulgente iglesia octogonal del mismo modo que crece el cáliz de una flor o la cápsula de la adormidera en su peciolo. La columna soporte subió por medio de la iglesia como un arbolito. En sus ramas, regularmente distribuidas, había personajes de la familia de la Virgen que eran objeto de veneración en este cuadro de la fiesta.

Los personajes estaban de pie como sobre estambres, y eran santa Ana entre san Joaquín y otro hombre que quizá fuera su padre. Bajo el pecho de santa Ana vi un espacio luminoso, más o menos de la forma de un cáliz, en el que se desarrollaba y crecía la resplandeciente forma de un bebé. Tenía las manitas cruzadas sobre el pecho, y de allí partían incontables rayos hacia una parte del mundo. Me chocó que no ocurriera igual en todas direcciones.

En otras ramas de alrededor estaban sentados muchos personajes que se volvían al centro en actitud reverente. Dentro de la iglesia vi todo alrededor incontables santos en filas y coros que, vueltos hacia esta Santa Madre, le rezaban.

La dulce piedad, la unidad de este servicio divino solo puedo compararla a un campo de flores muy diversas que, movidas por una brisa suave, ofrecen su color y su aroma a los rayos del sol, de quien todas las flores recibieron estas ofrendas y aun su misma vida.

Encima de esta alegoría de la fiesta de la Inmaculada Concepción, el arbolito añadió un nuevo brote a su copa, y en esta segunda corona de ramas vi celebrarse un momento ulterior de la fiesta. Allí estaban de rodillas María y José, y delante de ellos y un poco más abajo, santa Ana. Adoraban al Niño Jesús que estaba por encima de ellos, sentado en la cúspide, rodeado de infinito esplendor y con un globo imperial o bola del mundo en sus manos.

En torno a esta representación se inclinaban orando, los coros más cercanos de los Reyes Magos, pastores, apóstoles y discípulos, y los más lejanos de otros santos. Más arriba vi en medio de una altísima luz, las formas indistintas y figuras de las Potencias y Dignidades y, todavía más arriba, como un medio sol que entrase radiante como a través de la cúpula de la iglesia. Esta segunda imagen parecía significar la cercanía de las Navidades tras la Fiestas de la Inmaculada Concepción.

Durante la primera aparición, todo lo vi como si yo estuviese fuera de la iglesia, en las inmediaciones del pie de la columna, pero luego las vi ya dentro mismo de la iglesia, tal como lo he descrito. Mientras, vi desarrollarse la Niñita María en el ámbito luminoso bajo el corazón de santa Ana y tuve simultáneamente la inexpresable convicción de su Concepción exenta de pecado original. Todo lo leí y entendí tan claramente como en un libro.

También se me dijo que en tiempos había habido allí una iglesia en honor de esta gracia de Dios, que después habían destruido a causa de unas ineptas disputas sobre este Santísimo Misterio; pero que la Iglesia Triunfante seguía celebrando la fiesta en aquel lugar”.

ANNA KATHARINA EMMERICH, "VIDA DE MARÍA NIÑA", Madrid, 1982, Ediciones Sol de Fátima, 89-91.

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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