NO HAY OTRO CAMINO QUE LA ORACIÓN

-Si la clave de la espiritualidad de una persona es el contacto frecuente con Dios, está claro que hay que privilegiar la oración por encima de todo.
-Más allá de la doctrina más o menos gnóstica sobre la primacía del "conocimiento", que suele inspirarse en una actitud generalmente autárquica, las tesis de la espiritualidad clásica insisten en la preeminencia de la contemplación sobre la acción, no porque sean cosas estrictamente separables, sino porque la primera es la culminación de la segunda. En efecto, ella añade un plus de "conciencia" a la acción. "Conciencia" que no es otra cosa que la presencia de Dios en el corazón de toda acción.
-¿Cómo fomentar esta "conciencia"? Ante todo, mediante los ratos de oración, ya sean privados o públicos. Cuando, en los Ejercicios de san Ignacio, se hace referencia a "ponerse en la presencia de Dios", ¿a qué se alude? Evidentemente, a un acto de la voluntad, acompañada de la mente y de la imaginación, que pretende evocar aquella presencia. Pues ésta no es una realidad de la que podamos disponer a nuestro arbitrio y sí alguien que termina por responder a nuestros ruegos.
-Lo esencial: la voluntad de amar a Dios y de unirse a él. Lo que viene a continuación: el contacto mental y afectivo con Dios.
