SI SE LO PEDIMOS, DIOS NOS CONCEDERÁ EL PERDÓN, PERO NO NOS QUITARÁ LA PENITENCIA

El drama de nuestro mundo: le hemos dado la espalda a Dios. Los hay más culpables (las generaciones que nos precedieron y la que hoy manda) y menos culpables (los jóvenes).
“Dios perdona siempre; el hombre, algunas veces; la naturaleza, nunca”-dijo alguien. La frase parece responder a la realidad.
En efecto, desde el momento en que el único Justo ha entregado su vida en rescate por la humanidad, los pecados de ésta han quedado neutralizados, salvado siempre el arrepentimiento de los pecadores. Ahora bien, puesto que la mayoría de los humanos se ven impelidos al arrepentimiento por el temor, la penitencia es de rigor. Aunque, en virtud de la reversibilidad de los méritos, habrá santos que expiarán por naciones enteras, siempre sobre el fundamento del Justo.
¿En qué se manifiesta la penitencia? En
En virtud de su imperfección, el hombre solo es capaz de perdonar algunas veces. Y perdonar con todas las consecuencias exige el auxilio de la gracia, es decir, la participación en la obra redentora de Cristo.
Por último, hablar del perdón de la naturaleza carece de sentido: allí donde están ausentes el entendimiento y la voluntad, la respuesta a cualquier agresión es automática y tiende a restablecer la situación originaria. Eso sí, en la medida en que no existe la naturaleza “pura”, sino que el ente humano ha sido elevado desde el principio al orden sobrenatural, cabe influir sobre la dimensión corpórea y transformarla bajo el imperio de la voluntad influida por la gracia.
