LAS POSICIONES PLANETARIAS EN EL NACIMIENTO DE EDMUND HUSSERL

Sol...................grado 18º Aries
Luna................ 3º decanato de Géminis (?)
Mercurio............grado 6º Tauro
Venus...............grado 6º Piscis
Marte...............grado 19º Tauro
Júpiter..............17º-14 Géminis
Saturno............5º-24´ Leo
Urano...............0º-58´ Géminis
Neptuno............25º-29´ Géminis
Plutón...............6º-35´Tauro
Eje nodal...........26º-59´Acuario
"Luna negra".......27º Capricornio
"Sol negro".........grado 11º Cáncer
1.Mismidad y alteridad de la Filosofía
Al no disponer de datos suficientes para elaborar el tema
natal, nos restringiremos al ámbito macrocósmico, es decir, a
las posiciones zodiacales de los planetas y demás
factores, a sabiendas de que es imposible precisar hasta el final las posibilidades con las que contaba Husserl (y no digamos el uso que hizo de ellas). Con todo, un somero análisis del simbolismo asociado a las posiciones planetarias quizá pueda resultar aleccionador.
Veamos ante todo el simbolismo asociado a Júpiter y
Neptuno, regentes de la mismidad filosófica. El primero se
encuentra en Géminis, como ocurría en el tema de la célebre
lunación de Tales. Ello da a entender una continuidad en el
arquetipo originario que, como señalamos en su momento, supone
el afrontamiento de la mismidad macrocósmica con la alteridad,
en concreto, a través de un exilio. Circunstancia ésta muy
diferente de la de Neptuno, el otro gobernante de la
subjetividad filosófica: lo hallamos en Piscis, uno de sus
domicilios, con lo cual la dimensión mística de la Filosof¡a
se impone por s¡ misma.
¿Qué ángulo forman entre sí ambos planetas? El de
cuadratura, que lleva consigo un conflicto entre las dos
vertientes de la mismidad filosófica: la tendencia
globalizadora, ella misma en destierro, y la que tiende a
borrar todo contorno y a diluirse en el océano de lo
indeterminado. Es curioso constatar al respecto cómo, en el
tema del ingreso del "Sol negro" en Géminis (28 de mayo del 504
a.C., prácticamente una revoluci¢n solar de la lunación de
Tales), Júpiter y Neptuno se encuentran en oposición, lo que
corrobora una especie de tensión inherente a la autoconciencia
filosófica.
La posición del Sol (regente de Leo, el núcleo de la
Filosofía) en Aries hace referencia a una gran creatividad y a
una enorme capacidad para transmitir lo esencial. Y su sextil a
Júpiter armoniza dicho núcleo con la autoconciencia
filosófica, al menos en lo que ésta tiene de visión
globalizadora.
2. Configuración de la alteridad
La sintonía psíquica con el ámbito de la alteridad, al
cual remitía ya la subjetividad filosófica, no podemos menos
de asociarla a la Luna en Géminis. Por otra parte, se detecta
una tensión entre ambas vertientes de la mismidad filosófica,
la englobante y la mística, tensión que se manifiesta en el
ámbito psíquico (Luna en conjunción con Júpiter y cuadratura a
Neptuno).
Destaquemos a continuación el v¡nculo entre la polaridad
complementaria del núcleo (y la dimensión del "cambio" que la
acompaña) y la alteridad (Urano en Géminis). Hay que hablar, por
tanto, de una "encarnación" o "personificación" de la
pluralidad, del "cambio", de la multiplicidad, en definitiva,
de todo lo que es la contrapartida del núcleo.
3. Comparación con el esquema husserliano
Comparemos brevemente los datos señalados con algunos
puntos de la fenomenología husserliana. ¿Cómo traducir el
simbolismo de Júpiter en Géminis? Ante todo, como una
fidelidad al arquetipo primordial de la Filosofía:no en vano
encontramos idéntica posición en el tema de la lunación de
Tales.
En lo que respecta a Neptuno, símbolo de la vertiente
m¡stica de la subjetividad, cabe notar la fuerza con que se
expresa en Piscis. Pues bien, en el pensamiento husserliano
está presente sin duda alguna una dimensión mística, que se
manifiesta, cuando menos, en el talante "religioso" de la
"conversión" fenomenológica, así como en ciertas connotaciones
del "mundo de la vida". Y también es detectable el conflicto
entre la salida hacia de la autoconciencia hacia la alteridad,
su experiencia del exilio en el objeto, y una vivencia mística
inalterada de la subjetividad, la cual aparece como un
descenso de la Filosof¡a a lo profundo de sus orígenes, al
"agua" primordial de Tales. Aquel exilio es, sin duda, el
aspecto más evidente de la mismidad, pero la dimensión mística
es, a fin de cuentas, la decisiva.
¿En qué otra característica se traduce el contraste
Júpiter-Neptuno? Quizá en el conflicto o tensión entre un
sujeto perdido en el mundo de la "actitud natural" y otro
situado más allá de la contraposición sujeto-objeto, en la
unidad que da origen a ambos. Aqu¡ hallamos, pues, el contraste
husserliano entre el yo "natural" y el "trascendental": el
primero est prisionero del mundo;el segundo nos abre a un
nuevo mundo, el "trascendental", indisociable del nuevo yo.
En cuanto al sextil Sol-Júpiter, hay que asociarlo a la
peculiar sintonía entre el núcleo del filosofar, la
autopresencia del espíritu, y el yo "natural" que, extraviado
como está en el mundo, posee una función
de "puesta a prueba" de aquella autopresencia, que, al
superarla, queda reforzada a través de los diferentes momentos
del análisis fenomenológico.
¿Cómo relacionar la posición de Urano con dicho
análisis? Puesto que se trata del regente de la III de la
Filosof¡a (su entorno, pero también el contrapolo del núcleo,
significado por la IX), hay que referirlo a la dimensión del
cambio, a la alteración. Ahora bien, Urano en Géminis (la
alteridad filosófica) no hace sino corroborar y subrayar ese
simbolismo: de la misma manera que la III se opone a la IX,
Géminis se opone a Sagitario. As¡, Urano en Géminis aparece
íntimamente ligado a la alteridad filosófica, al exilio de la
mismidad. Y, dada la relevancia del eje Sagitario-Géminis en lo
que respecta al origen de la Filosofía, esta posici¢n de Urano
certifica la originariedad de los planteamientos
husserlianos. Y el hecho de que el planeta se encuentre en el
primer grado del signo acentúa todav¡a más esa
circunstancia: el tema radical de la Filosofía, así como el
vernal del año 585 a.C. y el del ingreso solar en Sagitario
privilegian dicha zona del Zodíaco.
Analicemos ahora la posición de Mercurio, gobernante de
la alteridad filosófica. Lo encontramos en Tauro, el sector de
la cotidianeidad en el plano macrocósmico. ¿Qué significa
esto? La íntima conexión entre lo otro de la Filosofía y la
vida cotidiana. Por consiguiente, la asunción de todo aquello
que se opone a la subjetividad a través de la continuidad de
la existencia. Por otro lado, puesto que dicho planeta se halla
en conjunción con Plutón, cabe afirmar la estrecha alianza
entre el ámbito de la alteridad y los dominios más
irreductibles y ocultos de la Filosofía. Hay, además, una
tensión entre lo otro de la Filosofía y sus aspectos más
estables y cristalizados, los cuales se encuentran como
exiliados dentro de lo que venimos llamando el núcleo (Saturno
en Leo, en cuadratura con Mercurio).
Otro aspecto a subrayar: la conexión entre el núcleo, la
creatividad y las vicisitudes de la vida cotidiana (Marte,
dispositor del Sol, en Tauro).
El tema macrocósmico de Husserl trae, pues, a la
cotidianeidad, tres dimensiones del filosofar: la alteridad, la
irracionalidad y el impulso creador.
Prosigamos. Una conexión interesante es la que se da
entre la intersubjetividad (el ámbito que posibilita el
despertar de cada hombre al Yo trascendental) y los cimientos
u orígenes del filosofar (Venus en Piscis).
4. Husserl y el universo originario de la Filosofía
Si comparamos las posiciones de Plutón y Saturno en el
nacimiento de Husserl con las que ocupan en el tema de la lunación de Tales, observamos que aproximadamente coinciden, como también la de Júpiter. Circunstancia que nos habla de la
originariedad de la fenomenología husserliana, de su retorno a
la tradición filosófica, sobre todo en lo concerniente a la
irracionalidad oculta en la Filosofía, la dimensión más
sistemática de la misma (una tarea erizada de dificultades) y
el exilio de la subjetividad. Por otra parte, en el tema de
Husserl y en el vernal del 585 a.C. Marte tiene idéntica
posición (también en Tauro), lo que resalta una vez más la
importancia de la cotidianeidad.
Otra posición a tener en cuenta es la del eje nodal,
cuyos extremos ascendente y descendente se encuentran respec-
tivamente en Acuario y Leo. El primero nos remite , por tanto,
a Urano, significador de lo otro del núcleo y ya analizado
anteriormente. Cabe añadir que dicho planeta representa el
punto de unión psique-espíritu, con lo cual la alteridad filo-
sófica aparece bajo una nueva luz: no obstante ser el polo
opuesto a la subjetividad, sirve como lugar de encuentro
entre las dimensiones psíquica y espiritual, un encuentro en
la interioridad, a diferencia del que se realiza en el nodo
descendente, situado en Leo y, por consiguiente, marcado por
el Sol, regente del signo y s¡mbolo del núcleo mismo.
Pues bien, si comparamos la posición del eje nodal en el
nacimiento de Husserl con la que aparece en el tema de
la lunación de Tales, observaremos que ambas forman
cuadratura. ¿Qué significa esto? En primer término, una tensión
entre ambos temas, pero, a la vez, un conflicto dentro del
mismo ámbito, una puesta en cuestión de las raíces mismas del
filosofar. En efecto, dada la importancia del eje nodal y del
simbolismo que comporta, a saber, la unión alma-espíri-
tu, el contraste señalado no hace sino poner de manifiesto la
riqueza de los motivos básicos de la Filosofía, de tal manera
que la cuadratura implicar un replanteamiento de dichos moti-
vos y una posibilidad de recreación de los mismos, en defini-
tiva, una nueva fundamentación.
Tratemos ahora de comprender el esquema husserliano a
partir del de la lunación de Tales. Si establecemos una pro-
gresión para la fecha de nacimiento del fundador de la fenome-
nología, detectaremos ante todo una cuadratura entre el Sol
progresado y Plutón radical, lo que significa una activación
de los aspectos más ocultos e irracionales de la Filosof¡a,
aspectos que, por lo demás, están presentes desde el principio
en los orígenes de aquella, en concreto, en la esfera de la
cotidianeidad.
Por su parte, la Luna progresada se halla en oposición
con Neptuno radical, lo cual denota unatematización de la
vertiente mística del filosofar que, como decíamos más arriba,
resulta indisociable de sus orígenes. Son los aspectos más
relevantes del tema progresado, aunque no los únicos. Por ejem-
plo, Urano en 29 Aries viene a activar la lunación radical, lo
que supone una tentativa de comprender los orígenes de la
Filosofía desde la vertiente de la alteridad. Sin olvidar la
posición de Saturno en el primer grado de Escorpión, en cua-
dratura con Saturno radical (en Leo): conflicto dentro de la
esfera del pensar sistemático, que ya no se sitúa simplemente
en el núcleo, sino que trata de asumir la marginalidad de lo
ajeno o de lo irracional.
Tras esta descripción somera de los parámetros que en-
tran en el esquema macrocósmico de Husserl sería interesante
abordar el horizonte más amplio de su pensamiento. Nos referi-
mos a la posición del "Sol negro". Si en el tema de la lunación
de Tales encontramos dicho eje en el grado 29 de Tauro y Es-
corpión (próximo, por consiguiente, a las cúspides de los sec-
tores VII y I), aquí aparece en el grado 11 de Cáncer y Capri-
cornio (por cierto, en oposición de amplio orbe con el eje de la "Luna negra", vinculado a los aspectos extremosos de la psique), ya dentro de los sectores VIII y II respectivamente.
Por lo tanto, el primer polo de dicho eje, el que se
sitúa del lado del perigeo, viene localizado en el sector II
de la Filosofía, con lo cual la identidad del espíritu consigo
mismo se desplaza desde la subjetividad al plano de la "mate-
rialidad", es decir, de la instalación en el mundo. En tanto
que el polo de la distancia se muestra en relación con una
"materialización" semejante del lado de la alteridad.
Nos hallamos, por tanto, en plena época de materiali-
zación del "Sol negro", la cual tuvo su origen en el año 1246,
fecha en que se produjo la entrada de dicho eje en Cáncer-
Capricornio. Aqu¡ se originó, pues, una nueva manera de ver la
Filosofía. Y así, del lado de la subjetividad filosófica nos
encontramos con la búsqueda de una apoyatura concreta, signi-
ficada no sólo por el sector II en cuanto tal, sino también
por la índole material de Capricornio (signo de tierra) y de su
regente, Saturno (¿cabría asociar a ello la progresiva sustitu-
ci¢n del ideal filosófico por el científico?). Y, del lado de
la alteridad filosófica, el giro se caracteriza asimismo por
una cierta materialización, esta vez relacionada con una in-
mersión en el origen(Cáncer) y con la búsqueda de la indivi-
dualidad (Luna), la cual se manifiesta aquí como una afirmación
de la alteridad filosófica.
Y es curioso constatar cómo en el esquema macrocósmico
de Husserl, ambos dispositores del eje del "Sol negro", Luna y
Saturno, se encuentran en posiciones altamente significati-
vas. La primera, en Géminis, el polo opuesto a la subjetividad
filosófica, lo que refuerza su simbolismo y permite establecer
la conexión entre la fase filosófica inaugurada en 1246 y la
que se origina con Tales de Mileto. El segundo, en Leo, el
núcleo de la Filosof¡a, con lo cual se establece el puente
entre la nueva etapa de la subjetividad filosófica y la anti-
gua. En ambos casos el contacto se produce en el signo adecua-
do: es como si el ideal filosófico originario afrontase desde
sí la nueva época, con lo cual estaríamos en franquía para
abordarla sin sobresaltos.
5. Traducción astrológica de algunos conceptos husserlianos
A la vista de los datos anteriores, recapitulemos algunos
aspectos fundamentales del pensamiento husserliano. Ante todo,
el horizonte radical en que se mueve viene señalado por los
dos polos del "Sol negro". Por una parte, la inmanencia o auto-
presencia, marcada por la nueva orientación del esp¡ritu (científica), que nace en los albores de la edad moderna. Una
dimensión que Husserl intentar trascender mediante la com-
prensión de la Filosofía como "ciencia estricta": es el simbo-
lismo del perigeo en Capricornio. Y, en cuanto al otro polo, la
distancia o trascendencia, asociada a la sensibilidad primordial Cáncer, es tematizada desde el ámbito natural de la
alteridad, Géminis.
¿Qué traducción astrológica tendrían entonces motivos tan
fenomenológicos como "actitud natural", "desconexión", "reduc-
ción" o "mundo de la vida"? El primero habr¡a que relacionarlo
con el exilio de la subjetividad filosófica (Júpiter) en la
esfera de la alteridad (Géminis). La posición de Neptuno en
Piscis correspondería a la "desconexión": no en vano el plane-
ta (que en Piscis se halla como en su elemento) representa la
vertiente más elevada de la subjetividad filosófica, claramen-
te mística. Dicha vertiente aparece, pues, como un sobreponer-
se, como un "estar sobre" la llamada "actitud natural". En
efecto, sólo desde la autopresencia de la subjetividad puede
comprenderse la mencionada actitud como un exilio; no lo es
para quien la vive como algo natural. Por eso la puesta entre
comillas de la actitud natural sólo puede hacerse desde la
subjetividad sobrepuesta. A partir de ella se comprende también
el término "desconexión", equivalente en Husserl a "puesta
entre paréntesis" o "epojé". Si la "actitud natural" se presen-
taba como un exilio, la "desconexión" nos abrirá a nuestro
verdadero hogar, que, por lo pronto, supone una inversión del
mundo habitual. Si la "actitud natural" comporta una separación
entre sujeto y objeto, a la vez que un extravío de aquél en
éste, la actitud trascendental introducida por la "epojé‚ "im-
plicará la identidad o, cuando menos,la unión entre ambos
polos, lo cual expresa muy bien el simbolismo de Neptuno en
Piscis. Y, puesto que dicho planeta representa el aspecto más
elevado de la autopresencia filosófica, su posición en tal
signo (sector IV de la Filosof¡a, el de los orígenes) habrá
que interpretarla como una permanente tentativa de arraigo, de
radicalización, de retorno al origen.
¿Cómo expresar astrológicamente el concepto husserliano
de "reducción"? Distingamos ante todo entre la reducción feno-
menológica y la trascendental. La primera(tránsito del hecho a
la esencia y, dentro del campo eidético, de una esencia a otra
más abarcante) habría que conectarla con el contraste Júpiter-
Neptuno, en donde Júpiter (en Géminis) designa el exilio de la
subjetividad filosófica, su "caída" en el mundo de los hechos,
mientras que Neptuno denota la acción de sobreponerse a dicho
exilio. Por consiguiente, la dualidad hecho-esencia (o la que
existe entre esencias de distinto nivel) no es más que una
aplicación de aquella tensión entre ambos planetas, de tal
manera que bastaría considerar cualquier reducción concreta
como una transposición del simbolismo a su debido nivel.
En cuanto a la reducción trascendental, verdadero paso al
límite en donde la totalidad del mundo, la esencia más abar-
cante del lado objetivo, exige una última sobreposición por
parte del sujeto, cabe relacionarla con la posición del eje
nodal, cuyos polos ascendente y descendente se hallan respec-
tivamente en Acuario y Leo. Puesto que la operaci¢n reductora
supone siempre una dualidad, ya sea entre hecho y esencia, ya
sea entre dos esencias de distinto nivel, o bien, en el lími-
te, entre la globalidad del mundo objetivo y el Yo trascenden-
tal, los polos arriba señalados simbolizarán los dos planos
entre los que discurre la reducción trascendental. Ahora bien,
ambos polos son a la vez solares y lunares, ya que representan
el contacto entre la órbita lunar y la eclíptica. Por consi-
guiente, cada uno de los planos constituirá un modo de unión
entre psique y espíritu, entre lo mundano y lo extramundano: en
uno predominará el factor mundo; en otro, lo que está más allá
del mundo.
El simbolismo en cuestión nos permite sacar a la luz una
dimensión que está presente en la fenomenología, aunque a
menudo aparezca en segundo plano respecto de la reducción. La
podríamos llamar "integración" o "reintegración" a la manera
de Abellio, o también "incorporación". En efecto, lo que des-
cribe no es otra cosa que la operación complementaria de la
reducción, el tránsito de la esencia al hecho o de una esencia
superior a otra inferior (es el caso de la reducci¢n fenomeno-
lógica), o bien el paso de la última esencia, la "esencia de
las esencias" o Yo trascendental, a la inmediatamente subordi-
nada, la "esencia del mundo objetivo" (como postula la reduc-
ción trascendental). As¡, pues, el contacto alma-espíritu se
mueve en dos dimensiones: la reductora y la integradora. ¿Con
cuál de ellas se relacionaría cada uno de los nodos?
Si atendemos al contenido de la primera tendríamos que
hablar de una abstracción o universalización, de una "volati-
lización de lo fijo" (como dirían los alquimistas). Por el con-
trario, la segunda guardaría afinidad con una concretización o
encarnación, con una "fijación de lo volátil". Teniendo en
cuenta que la vivencia primaria de la realidad concreta nos la
presenta desvinculada de lo universal o todavía no integrada
en ese ámbito, sería lógico atribuir la vertiente reductora al
nodo descendente, que representaría entonces, de las dos expe-
riencias, la menos elevada.
Por consiguiente, el tránsito de la esencia "mundo obje-
tivo" al Yo trascendental, lo que Husserl denomina reducción
trascendental, vendr¡a simbolizado por el nodo descendente. La
reintegración del "mundo objetivo" desde el Yo trascendental
o, lo que es igual, la incorporación de éste en aquél, queda-
ría simbolizada por el nodo ascendente. En efecto, la disocia-
ción introducida por el primero es trascendida en el segundo,
en el que tendría lugar la "fijación de lo volátil" antes
aludida.
Hablemos ahora del significado concreto de uno y otro
nodo en el esquema macrocósmico de Husserl. El descendente lo
encontramos en Leo, el núcleo de la Filosofía. Concluiremos,
por tanto, que la reducción trascendental refiere la esencia
"mundo objetivo" (que aparece aquí como el ámbito fundamental o
nuclear de la Filosofía: no en vano Leo es el sector IX de
Sagitario) al Yo trascendental, que aquí percibimos a la mane-
ra de un distanciamiento surgido por saturación de la objeti-
vidad. Y, dado que la reducción se efectúa en Leo, cabe afirmar
que la fenomenología pone a prueba el núcleo "natural" de la
Filosofía (ser¡a interesante relacionar esta constatación con
la desconexión de la "actitud natural" a la que hicimos alu-
sión en otro contexto) e introduce en él la distancia del Yo
trascendental. Y el Sol, regente de Leo, se muestra aquí como
el símbolo mismo de ese distanciamiento del Yo.
Hasta aquí la caracterización del nodo descendente, vin-
culado a la reducción trascendental, es decir, a la percepción
de la distancia radical entre el mundo objetivo y el Yo tras-
cendental. Pero dicha reducción ha de tener una contrapartida:
la integración o incorporación del Yo en el mundo, un concepto
que en Husserl aparece conectado con el "Lebenswelt" (o "mundo vital") y que aquí viene simbolizado por el nodo ascendente. En efecto, la unión alma-espíritu en elámbito de la interioridad está en
consonancia con la reintegración del Yo en el mundo, tanto más
cuanto que los nodos son puntos luni-solares.
¿Cómo se define en concreto el nodo ascendente en el
esquema macrocósmico de Husserl? Puesto que lo hallamos en
Acuario, cabe hablar de una inversión de la perspectiva natu-
ral de la subjetividad filosófica, la misma que encontrábamos
antes a propósito del nodo descendente. Si Leo representa el
núcleo natural de la Filosofía, Acuario simbolizará lo opues-
to, la alteridad del núcleo. Por consiguiente, los planetas
vinculados al signo, Saturno y Urano, sintetizarán, cada uno a
su nivel, la abolición de la distancia entre Yo y mundo. En el
caso de Saturno hay que hacer notar una interacción directa
entre ambos nodos, ya que el citado planeta, dispositor del
nodo ascendente, se sitúa en Leo, en el que encontramos tam-
bién al nodo descendente. En cuanto a Urano, localizado en
Géminis, guarda conexión con la alteridad filosófica, tema al
que hemos aludido reiteradamente. Resulta, pues, curioso cons-
tatar cómo los dos conceptos fundamentales de la fenomenolo-
gía, la reducción y la integración trascendentales invierten
la perspectiva aparentemente normal de la subjetividad filosó-
fica y nos sitúan en los antípodas de la misma (nos referimos,
evidentemente, a la subjetividad natural, enlazada con Sagita-
rio, no a la trascendental, vinculada al eje nodal). Ahora
bien, ¿realmente supone una inversión de la perspectiva filo-
sófica tradicional? Para zanjar la cuestión acudamos al tema
de la lunación de Tales.
En él la posición del eje nodal casi se superpone a Gémi-
nis-Sagitario (lo encontramos en los 26 grados de Tauro-Escor-
pión), con lo cual se nos muestra una estructura semejante a
la del esquema husserliano. Es decir, el nodo descendente o
"Cola del Dragón" casi coincide con 0º Sagitario, en tanto que
la "Cabeza del Dragón" se halla próxima a 0º Géminis. Por lo
tanto, los dos polos que definen al Yo trascendental vienen a
invertir los de la subjetividad natural: el que simboliza la
distancia entre mundo y Yo se sitúa próximo a Sagitario, la
mismidad filosófica, la identidad; el que guarda afinidad con
la no-distancia, con la unión Yo-mundo, con la incorporación
del mundo al Yo o viceversa lo encontramos en la proximidad de
0º Géminis, el signo de la alteridad. Todo lo cual demuestra que
la inversión husserliana del yo natural por el trascendental
es sólo aparente, ya que en el origen de la Filosofía hallamos
una posición semejante.
Prescindiendo de tal inversión, propia del tema radical
de la Filosofía, como también de la fenomenología husserlia-
na, ¿cuál es, en términos astrológicos, la diferencia fundamen-
tal entre la correlación natural subjetividad-objetividad y la
trascendental? Si la primera se expresa mediante el eje Sagi-
tario-Géminis, la segunda vendrá simbolizada por el eje no-
dal. Por consiguiente, si la primera se mueve en el plano del
espíritu "abstracto", la segunda incluye el acceso concreto a
dicho espíritu desde el alma. Queda así contestada la pregunta
por la diferencia entre ambas correlaciones.
¿Qué significado filosófico atribuir entonces al eje del
"Sol negro"? El del par alejamiento-cercanía o distanciamien-
to-proximidad entre cuerpo y espíritu. Pero el acceso a dicha
pareja sólo puede efectuarse desde el eje del "Dragón" o de
los nodos lunares. De ah¡ la importancia de tal eje en el es-
quema de cualquier autor o doctrina filosóficos. Indudablemen-
te, lo ideal sería erigir el correspondiente tema radical,
tarea, por lo general, imposible ante la falta de datos.
Para terminar con la exégesis astrológica del esquema ma-
crocósmico husserliano hagamos algunas reflexiones sobre el
concepto "mundo de la vida". En parte ya hemos hablado de él,
considerándolo como contrapartida de la reducción trascenden-
tal. Al fin y al cabo, tal es la dirección fundamental en que
se mueve el fundador de la fenomenología, si bien la proliji-
dad de sus análisis podr¡an hacernos olvidar una constatación
esencial: en último extremo,el "Lebenswelt" no es
otra cosa que la reintegración o incorporación del Yo trascen-
dental (o, mejor, de la intersubjetividad) en cada uno de los
resquicios de nuestro cuerpo. Todo aquello que, en un princi-
pio, es "fijeza sin volatilizar" ha de convertirse al final en
"volatilidad fijada", para emplear la conocida expresión de la
alquimia. Por lo tanto, desde la perspectiva astrológica, el
acceso al "mundo de la vida" tiene lugar a través del nodo
ascendente o "Cabeza del Dragón" que, por medio de su disposi-
tor (Saturno y Urano en el esquema de Husserl), hará posible la
reintegración del Yo al cuerpo a través de sus aspectos con
los demás planetas y puntos básicos del esquema considerado. Y,
puesto que, en última instancia, los regentes del cuerpo del
filósofo en general son Júpiter y Neptuno (al fin y a la pos-
tre, el filósofo se aproximaría asintóticamente a la Filoso-
fía), los aspectos del nodo ascendente y de su dispositor a
dichos planetas tendrán especial relevancia.
