EL PARADIGMA DE MARÍA (II)

EL PARADIGMA DE MARÍA (II)
1.
Para entender la relación de María con nuestro tiempo, conviene leer el capítulo XII del Apocalipsis, a propósito del cual Balthasar aborda la conocida tipología Israel-María-Iglesia, siempre presente en la tradición cristiana y siempre necesitada de nuevos desarrollos.
La “mujer vestida de sol” es, ante todo, Israel, el pueblo de Dios, que padece dolores de parto para dar a luz al Mesías. A ellos se asocia el temor al Dragón con sus siete bocas abiertas de par en par para “devorar al Niño en cuanto nazca”.
Ahora bien, la experiencia de Israel se compendia en la persona de María, que dio a luz al Mesías en la carne y padeció junto con él su destino hasta la crucifixión, resurrección y ascensión al trono de Dios. Un punto sobre el que conviene reflexionar para comprender el carácter arquetípico de la figura de María para todo cristiano.
De ella se dice, en primer lugar, que “huyó al desierto”, en donde tiene un sitio preparado por Dios. A continuación (y esta observación es decisiva para entender la entera tipología y su despliegue en el tiempo de la historia) se nos describe en el cielo una batalla decisiva: tras la exaltación del Mesías, Miguel y sus ángeles luchan contra “el Dragón y sus secuaces” y éste es arrojado a la tierra. El cielo se llena de júbilo, pero ¡ay de la tierra!, pues el Diablo ha bajado a ella con gran furor, sabiendo que dispone de poco tiempo. Y nuestro autor sitúa aquí la lucha de Miguel y sus ángeles contra “el Dragón y sus secuaces” en su justo contexto, como el exordio del intervalo entre la resurrección y exaltación de Cristo y el fin del mundo.
Entonces se enfrentan de nuevo el Dragón y
Se trata, según nuestro autor, del tiempo en que vivimos, en el que también vive
“A
Y aquí se describe el modo como había actuado Dios con Israel, al que protege “como el águila a su nidada” y al que condujo al “desierto”, alimentándolo de modo maravilloso, como ahora alimenta a
Y Balthasar glosa algunos aspectos del simbolismo del “desierto”, no por conocido en la tradición cristiana menos necesitado de nuevos enriquecimientos hermenéuticos, especialmente en el sentido de “lugar seguro” con que aparece aquí. En efecto, el sentido de “despojamiento” o “renuncia” que comúnmente se le asocia puede ser completado mediante el de “distancia” o “separación” protectora o salvífica. Interpretación que resulta muy clarificadora cuando se la refiere a
Por eso su destino es el de ellos: expuestos a la ira de
Se trata de una guerra sin cuartel, en la que
2. Vomitada y alimentada
María, la “Iglesia Madre” y la “Madre de
¿Qué pudo suponer para ella el que su embarazo, de cuya causa nada dijo, se hiciera público en la vecindad? Acontecimiento del que tampoco José podía ofrecer explicaciones tranquilizadoras, ni siquiera cuando se ofreció a ser el padre adoptivo del niño que iba a nacer. No hablemos de los “días de la purificación” que
Tras el comienzo de la actividad pública de Jesús, María tuvo que convivir estrechamente con sus parientes, que no creían en él y que lo incitaban a realizar milagros en público o incluso llegaron a declararlo loco. ¿Qué pudo suponer para María el que Jesús no le hiciese caso cuando fue a verlo acompañada de sus parientes?
¿Cómo la sostuvo el Espíritu Santo en medio de tantas pruebas, sobre todo en la noche de los sentidos y del espíritu y en la pura fe desnuda que la dispone para asistir a la tragedia de la crucifixión de su hijo?
Es verdad que conoció los gozos de una madre con su niño: lo hemos visto representado en miles de cuadros. Pero, ¿quién ha pintado los interminables días que pasó en medio de la angustia y el temor? Le habían hablado de la “espada que atravesaría su corazón”, pero no de la índole concreta de sus sufrimientos. Y es que la existencia cristiana no es simplemente la “particularización” de una comprensión “esencial” y “espiritual” de la vida: supone una encarnación real en el mundo, arrostrando todos los riesgos de nuestra condición corpórea.
Ni María ni José entienden por qué el Niño a los doce años les dice que “ha de ocuparse de las cosas de su Padre”. Y aunque María “meditaba en su corazón” todo lo que se había dicho de su hijo, sigue sin entenderlo. Y es que de la misma manera que Jesús no anticipa en el Espíritu los aspectos concretos de su misión, sino que se deja adoctrinar día a día por el Padre, tampoco María conocerá las circunstancias concretas de su futuro, un tema en el que la teología nunca insistirá bastante si es que quiere comprender realmente el papel ejemplar de la Virgen.
Por eso María, llevando a su plenitud la fe de Abraham, vive la limpieza de corazón y la pobreza de espíritu que le permitirán mañana contemplar a Dios y vivir su Reino. Por eso, ni siquiera en el cielo se imagina uno a María anticipando a los cristianos las circunstancias del futuro (a diferencia de lo que nos muestran las apariciones, por ejemplo, la “conversión de Rusia”-declara sorprendentemente nuestro autor).
No podemos entrar aquí en una consideración lo suficientemente amplia de esta cuestión. Eso sí, de un lado, comprendemos que existe una “lógica” en la existencia terrena de
Y concluye Balthasar diciendo que, de un modo análogo, el lugar propio de
3. La guerra contra los hijos de
Los hijos de
Los hijos de
