ESPAÑA, CAMPO DE BATALLA ESPIRITUAL
Conflicto entre la nación misma, simbolizada por un poder que ya no se basa en la "auctoritas" y que ha quedado reducido a poco más que mero "cargo", y una "alianza" de poderes fácticos (que no amistad: "Inter perversos non est amicitia", decía Tomás de Aquino) que, hasta hace poco, trabajaban en la sombra por respeto a la luz y que ahora ya no temen mostrar su verdadero rostro, el de la Nada rampante (terrorismo, sociedades secretas, instancias ocultas cuyo ideal es, en último extremo, la guerra universal de todos contra todos, resultado de un odio "fenicio" a todo lo que suene, siquiera de lejos, a cristianismo).
Sobre el papel, los poderes fácticos se ajustan a la legalidad democrática. En realidad, se sirven de ella para controlar a la nación. Y, por otra parte, la legalidad en cuestión se encuentra fuertemente devaluada, a la vez que enfrentada a las instancias más genuinamente democráticas, las que se basan en el respeto a la libertad y a la individualidad.
Mientras tanto, el pueblo, en principio "buen vasallo, si oviera buen señor", sintoniza de algún modo con la "auctoritas", exiliada en el "cargo". Pero su excesiva plasticidad le hace muy vulnerable a los poderes fácticos, que hoy son sobre todo mediáticos. Y es que la necedad, antes patrimonio de los falsos intelectuales, ha ido contagiándose poco a poco a la "masa enterada".
La realidad objetiva de las cosas se impone brutalmente a esa masa, que, sintiéndose engañada, puede dirigir su furia en una dirección imprevisible. Es verdad que las instancias ocultas, actuando sobre todo en la esfera mediática, tratarán de orientar la estulticia enfurecida de manera que no perjudique a sus intereses.
Pero "no se puede engañar a todos durante todo el tiempo" y, tarde o temprano (más bien temprano, como diría René Girard, que sostiene que, en estos tiempos apocalípticos, al pecado sigue de inmediato el castigo), tempestades imprevistas devorarán a quienes "sembraron los vientos". Como ya retratara Goya, "el sueño de la razón engendra monstruos".


antonio martínez dijo
Ante todo, un saludo, Emilio. En cuanto a tu comentario, me parece evidente que, en efecto, España es actualmente un "campo de batalla espiritual". Ya lo fue antes antes de la Segunda Guerra Mundial: como sabes, Europa se apasionó con la guerra española en la medida en que intuía en ella un conflicto arquetípico que iba mucho más allá del simple enfrentamiento de clase explicado por el dogma marxista. Actualmente, y tras una sucesión "dialéctica" de gobiernos democráticos que, a mi parecer, esconde una reveladora lógica interna, hemos llegado, con Zapatero, el Estatuto catalán y el tema de la negociación con ETA a una exacerbación de las tensiones que, en efecto, y como dices, amenaza con abocarnos a una "guerra de todos contra todos". Quizá, una vez más, el caos español sea preludio de un conflicto a mayor escala. Zapatero admira a Borges y, por lo tanto, sintoniza con el nihilismo escéptico borgiano que, en última instancia, añora el retorno al caos originario. En una intervención en el Senado, Zapatero dijo, refiriéndose a España, que por principio "desconfiaba de todos los esencialismos", incluido, por supuesto, el de la nación española. Pero quien desconfía de todos los esencialismos no tiene más remedio que quedar seducido por la imagen de la disolución universal. El totum revolutum en que hoy se está convirtiendo España apunta precisamente en esa dirección.
19 Enero 2007 | 11:17 PM