ADVIENTO
Declinant anni nostri et dies ad finem. Quia tempus est, corrigamus nos ad laudem Christi. Lampades sint accensae, quia excelsus iudex venit iudicare gentes. Halleluiah, Halleluiah "Nuestros años y nuestros días van declinando hacia su fin. Porque todavía es tiempo, corrijámonos para alabanza de Cristo. Están encendidas nuestras lámparas, porque el Juez excelso viene a juzgar a las naciones. Alleluia, alleluia".
Así canta la Iglesia ambrosiana al terminar el año litúrgico. El canto suena grave y severo, pero está lleno de recóndita alegría; de ahí el doble alleluia del final. Lo que a los oídos del hombre mundano resuena terrible como las trompetas del último juicio, para la Iglesia, en cambio, a pesar de todo el terror, es jubiloso. El tiempo va pasando; pero con ello se acerca la eternidad. Solamente pasa este Aión; se aproxima el "Aión venidero", la eternidad de la salvación y de la felicidad.El primer domingo de Adviento, la Iglesia de Milán canta: Sicut fulgur venit ab Oriente et paret in Occidente, sic erit adventus Filii hominis. Vigilate omnes et orate ; nescitis diem neque horam, quando Dominus noster saeculi finem ponat "De la misma manera que el rayo viene del Oriente y aparece en Occidente, así será la Parusía del Hijo del Hombre. Vigilad todos y orad, pues no sabéis ni el día ni la hora en que vendrá nuestro Kyrios a poner fin al Aión". La figura del mundo fenece; en su lugar se encienden para nosotros la inmutabilidad, la eternidad y la bondad inmutable de Dios...
Nuestra época nos ayuda a comprender con particular profundidad estos acentos. Cuanto más se alejan los hombres de la eternidad y más exclusivamente se vuelven a lo terreno y temporal, más gimen bajo el peso de lo transitorio. (Odo Casel,Misterio de la Cruz, Madrid, 1964, Ediciones Guadarrama, S.L., 189-190).
El primer domingo de Adviento, la Iglesia de Milán canta: Sicut fulgur venit ab Oriente et paret in Occidente, sic erit adventus Filii hominis. Vigilate omnes et orate ; nescitis diem neque horam, quando Dominus noster saeculi finem ponat "De la misma manera que el rayo viene del Oriente y aparece en Occidente, así será la Parusía del Hijo del Hombre. Vigilad todos y orad, pues no sabéis ni el día ni la hora en que vendrá nuestro Kyrios a poner fin al Aión". La figura del mundo fenece; en su lugar se encienden para nosotros la inmutabilidad, la eternidad y la bondad inmutable de Dios...