CLONACIÓN: A PROPÓSITO DEL PECADO ORIGINAL Y SU TRANSMISIÓN EN EL "COMENTARIO A LA EPÍSTOLA A LOS ROMANOS" DE SANTO TOMÁS DE AQUINO
Santo Tomás insiste en la índole corpórea de la transmisión del pecado original: ha de ser por generación, para lo cual se requieren un varón y una mujer. Caso de no intervenir uno de los dos, el pecado no se transmite.
En efecto, Adán no nació con el pecado original, pues fue formado directamente por Dios. Tampoco Eva nació con él, ya que no tuvo madre, si no que fue sacada de Adán. Ni tampoco Cristo, que no tuvo padre terreno.
En cuanto a la Virgen, constituye un caso especial, ya que, a pesar de tener padre y madre, no contrajo el pecado original. ¿Por qué? En vista de los méritos de Cristo, que había de nacer de ella.
Según Tomás de Aquino, el Bautismo borra el pecado original en el espíritu, cuya "muerte eterna" (apartamiento definitivo de Dios) evita. No evita, en cambio, la muerte del cuerpo. Pues el espíritu, a fuer de simple, es indestructible; el cuerpo, en cambio, como compuesto que es, puede descomponerse.
Otra observación notable de santo Tomás: el espíritu asume los defectos y taras del cuerpo, que está en disposición de recibir al espíritu. Por eso los padres transmiten al hijo no solo el pecado original, sino también las inclinaciones buenas o malas del temperamento, pues la unión entre cuerpo y espíritu es muy estrecha.
Añadiremos que aquí tiene mucho que decir la astrología: el examen de los temas astrales de los progenitores nos da mucha información útil para entender el del hijo. Por supuesto, sin caer en ningún tipo de determinismo.
Una cuestión relevante: supuesta la clonación de un cuerpo humano, ¿adquiriría el clónico el pecado original? Es verdad que el clónico carece de progenitores, pero al ser una replicación del cuerpo original, alguien podría sostener que contraerá el mismo pecado que aquél contrajo al nacer.
Sin embargo, ello implicaría la puesta en cuestión de la unicidad de la persona, que entonces se transformaría en una multiplicidad indefinida de personas, tantas como individuos clonados.
Todo ello en la hipótesis de que el clónico sea realmente humano, pues no sabemos si en ese caso está la "materia" dispuesta para la recepción del espíritu, para utilizar la terminología tomista.
En efecto, parece lógico pensar que el espíritu asuma el embrión como germen que es el del cuerpo, no cualquier célula del cuerpo, que, al fin y al cabo, es derivada.
