A propósito del comentario de José Antonio
El texto del Deuteronomio que aduce José Antonio viene bien para evitar que algún incauto hable de los astros como si de dioses se tratara. Lejos de mí incurrir en semejante idolatría.
Pero, dicho esto, el problema que se plantea es el siguiente: ¿De qué índole es el "influjo" de los astros? Santo Tomás de Aquino sostiene que las "influencias" astrales solo actúan directamente sobre la realidad material o corpórea. En cuanto al mundo espiritual, no está sometido a ellas.
Por su composición corpóreo-espiritual, el ente humano ofrece una gran complejidad, pues el espíritu, aunque situado más allá del cuerpo, puede dejarse arrastrar por los movimientos y tendencias corpóreos.
Se puede afirmar, pues, que los astros sacan su fuerza de la debilidad de la voluntad, como cuando nos dejamos dominar por nuestras pasiones.
Las "influencias astrales" pertenecen, por tanto, a la naturaleza corpórea del hombre, no a su naturaleza espiritual y, menos todavía, al "hombre interior", un tema sobre el reflexionó profundamente el pensador alemán del XVI Valentin Weigel.
No en vano se dice que "el sabio dominará a los astros", máxime cuando viene ayudado por la gracia divina.
Por consiguiente, no hay la menor dificultad en hablar del "influjo" astral, siempre que delimitemos bien su ámbito propio.
