Categoría: simbolismo astral
26 Mayo 2011
-Es un hecho fundamental que "los astros inclinan", en el sentido de que el cuerpo muestra hacia ellos una gran pasividad. Y, evidentemente, en virtud de su unión con el cuerpo, el espíritu puede ser influido indirectamente por éste.
-Conforme se acerca el "fin de los tiempos", la necesidad de decidir deviene cada vez más apremiante, de manera que la opción definitiva separa de un modo siempre más claro a los extremos del bien y del mal.
-¿Por cuál de ellos optará la humanidad? Resultan iluminadoras al respecto las palabras de Cristo: "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe sobre la tierra?" No parece que haya dificultad para interpretarla: Cristo afirma que su venida coincidirá con la "gran apostasía". De lo único que podemos dudar es de la mayor o menor extensión de la misma.
-Eso quiere decir que el género humano, falto de fe, se inclinará masivamente en la dirección marcada por los astros, ya sea "armónica" o "inarmónica".
-Ahora bien, al faltar la fe, incluso las inclinaciones armónicas del cuerpo redundarán en perjuicio del espíritu.
-Por tanto, el criterio para la interpretación de un tema astral es atenerse a lo puramente material, eso sí orientado preferentemente hacia el mal moral.
-Las palabras de Cristo no parecen dejar muchos resquicios para una interpretación optimista de la época terminal que estamos viviendo.
-No obstante, la frase en cuestión abre la posibilidad de que, a pesar de todo, quede alguna fe sobre la tierra. Lo que significa que la interpretación astrológica no tiene por qué ser irremediablemente negativa como para excluir toda esperanza. Y es que la gracia de Cristo está ahí para ser otorgada a quien con sinceridad se haga consciente de su situación casi desesperada y solicite el auxilio que viene de lo Alto.
-Fuera de esta actitud carece, pues, de sentido interpretar un tema astral en sentido positivo y "optimista".
-Es verdad que en todas las épocas la hermenéutica astral hubo de contar con la situación del hombre "caído y redimido". Sin embargo, al aproximarse el "fin de los tiempos", la opción definitiva se hace apremiante. Y así cobran máxima actualidad aquellas palabras del Salmo: "El auxilio me viene del Señor..."
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22 Marzo 2011
-Según la concepción tomista, la existencia va unida a la individuación y ésta a la materia, excepto en el caso de las jerarquías angélicas, a propósito de las cuales solo se puede hablar de especies, no de individuos.
-De cualquier manera, la existencia, esté referida a la especie o al individuo, es distinta de la esencia, salvo en el caso de Dios, cuya esencia consiste en existir. Y es que cada ente participa del ser a su modo; por eso está compuesto de potencia y acto. A diferencia del Ser Supremo o del Ser Mismo, que ya es todo lo que podría ser y, por consiguiente, carece de potencialidad para ser otra cosa que lo que es, los entes se hallan deficitarios de ser, y su esencia, ya se componga de tales o cuales "notas", es un poder-ser jamás colmado. Es decir, tantas esencias hay como posibilidades-de-ser nunca realizadas.
-Ahora bien, el Ser Supremo ha creado todas esas posibilidades, no para complacerse en su frustración, sino para que le busquen a Él, el único Acto y le reconozcan como tal. Eso sí, sin la divina Revelación, nunca hubiéramos sabido que el anhelo del Acto Puro, pasivo en todos los entes, activo en los racionales, puede ser colmado por Dios y lo será si los entes se muestran dispuestos a recibir la gracia ("Fecisti nos Domine ad Te, et inquietum est cor nostrum donec requiescat in Te", decía san Agustín expresando con precisión aquel anhelo).
-La esencia se compone de "notas", que pueden expresarse mediante diversos lenguajes, entre ellos el astrológico. Así, cada ente tiene una fórmula, una fórmula que tiende a ser colmada por el Acto Puro. Tan solo Dios tiene por esencia dicho Acto: "Ipsum Esse per se subsistens". No simplemente "ser esto" o "ser lo otro", que es lo que define la esencia, sino pura y simplemente Ser.
-De ahí que la esencia, de por sí atemporal, necesita de una duración para desplegarse. Este es el papel del tiempo, la "imagen móvil de la eternidad", que diría Platón. ¿Cómo se efectúa este despliegue? Mediante la adición a la esencia genérica de lo que los escolásticos llamaron la "haecceitas", es decir, lo que convierte a la esencia en una sustancia primera, apta para existir. Es lo que distingue a la sustancia segunda de la primera. Por eso la existencia solo puede acompañar a la sustancia primera, al "suppositum".
-Por cierto, conviene reflexionar sobre el sentido de la palabra "suppositum" o "hipóstasis" a propósito de la esencia divina que subsiste en tres personas. La semejanza puede establecerse con el modo en que tres sujetos humanos participarían de la esencia "hombre", con la diferencia radical (dejando a un lado otras) de que dichos individuos son finitos, al igual que la humanidad que los une y de la que forman parte y, por otro lado, la esencia humana en cuestión admite ser replicada en infinidad de individuos.
-Volviendo al lenguaje astrológico y a su aplicación al tema de esencia y existencia, es claro que solo un sujeto, expresado mediante una definición astrológica, puede gozar de existencia y no un símbolo planetario aislado del resto. Por eso la existencia solo puede advenir sobre un sujeto constituido como tal y determinado a partir de las "casas", a saber, sobre un microcosmos.
-En cuanto a la jerarquía esencial y existencial del mencionado sujeto, vendrá dada por el o los símbolos planetarios que lo definen. Otra cosa es que la voluntad aproveche mejor o peor las posibilidades contenidas en el símbolo. Ese es el ámbito de la moral, del deber-ser, es decir, de la coincidencia o no-coincidencia entre la realidad concreta y el ideal normativo.
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27 Enero 2011
"Mundo intermediario" como multiplicidad de posibilidades que se reflejan a partir de la idea, en imaginación (ojos y pasividad).
-Ver también clases de visiones: imaginaria "extrasubjetiva", imaginaria como posibilidad del sujeto y proyección suya (ya sea alucinatoria o verídica), todo ello aparte de la visión intelectual, sin imágenes (cf. por ejemplo, las de santa Teresa).
-"Solve" y "coagula" como posibilidad de ascensión desde el cuerpo al espíritu, y de descenso, a la inversa.
-Entre el mundo de las ideas y el de las cosas se sitúa uno intermedio, que pertenece al ámbito "sutil" y que, por consiguiente, participa de ambos a la vez (en el mejor de los casos, en el que sirve de mediador) o, simplemente, es la negación de los dos (en el peor de los casos). Así, entre la idea de árbol, que es una, y la pluralidad de los árboles concretos, se interpone una especie de "fantasía" o "fantasma", que es la multitud de los árboles "superpuestos en la imaginación" y ampliados por la fantasía. Quien es incapaz de elevarse desde los árboles a la idea de árbol permanece prisionero de la infinidad de imágenes que nos ofrecen los árboles concretos, más o menos ampliada por la fantasía. Quien, por el contrario, es capaz de abstraer la idea a partir del "fantasma" se libera del ámbito puramente imaginario (unidad más allá de la infinidad).
-El mundo de las imágenes se presta, pues, a servir de soporte al pensamiento simbólico, ya que nos permite figurar un árbol, a fin de emplearlo como analogía de la idea de árbol. De manera que el cuerpo sirve de analogía al espíritu a través del campo del alma, que actúa de intermediaria.
-Como almas que somos, vivimos a la vez en el ámbito espiritual y en el material, y estamos en tensión entre "lo informe" y la "forma coagulada".
-Pero en nuestra época domina un modo de existencia anímica casi totalmente desligado del mundo espiritual y centrado, por tanto, en el sensible. De ahí el confinamiento del alma al espacio-tiempo y la clausura a todo ámbito intelectual y espiritual, liberado de las condiciones fenoménicas.
-¿Por qué los espíritus diabólicos se encuentran como "en su elemento" en el mundo de la imagen? En primer lugar, habría que matizar: no en el mundo de la imagen sin más, a no ser que hagamos referencia a ese mundo en lo que tiene de proximidad a los sentidos. Seres espirituales y puramente intelectuales, su rebelión y caída les lleva hacia el mundo inferior, al que tratan de controlar como si de los verdaderos ángeles se tratase. Pero, puesto que su ámbito es la "antinaturaleza", intentan servirse de ella para sus fines; de ahí que aprovechen sus excesos y defectos para introducirse en la marcha normal de las cosas y perturbarla. Así, utilizan los "huecos" inherentes a los "exilios" y "caídas" planetarios para insinuar su acción.
Y lo mismo cabe decir de los malos aspectos, especialmente entre planetas débiles. Por cierto, ¿hay razones astrológicas para comprender el "desencadenamiento" de las fuerzas malignas en nuestro tiempo? Varios puntos de referencia: el tema de la E.C., el de la muerte de Cristo y, en general, el orden de sucesión de las órbitas planetarias: a mayor lentitud en su revolución, mayores efectos y más dilatados, sean positivos o negativos. Por otra parte, las esferas 8ª y 9ª, correspondientes respectivamente a querubines y serafines, constituirán las posibilidades más elevadas del cosmos, pero también las que son susceptibles de mayor falseamiento: "corruptio optimi pessima".
-Por tanto, los espíritus diabólicos se mueven con facilidad en el terreno de la fantasía, allí donde el exceso de imágenes de los cuerpos produce vértigo, cansancio o confusión. Así fomentan el caos de imágenes gratuitas, separadas de lo que es la corporeidad y rebeldes al pensamiento, indispensable para la comprensión de la materia. Y, siempre, la palabra clave es "antinaturaleza" y "contra-Dios".
-Tras la "muerte de Dios", la "muerte del hombre" y la "muerte de la naturaleza". Se trata de deformarlo, caricaturizarlo y destruirlo todo.
-El mundo de la imagen separada como "subsistente en sí misma" al margen del cuerpo y como "sucedáneo" del mismo y "pantalla" que oculta al espíritu.
-Los "medios de comunicación" como "sucedáneo" del acontecer real, que queda escamoteado y reducido a imágenes. Allí donde el arte utilizaba la imagen al servicio de la realidad (corpórea y espiritual), los medios de comunicación la reemplazan y caricaturizan (los medios de expresión y la jerarquía de las edades: silencio...oro; palabra...plata, libro...bronce; "mass media"...hierro).
De una cierta poesía ("negra", que diría Daumal) y otras artes, que, abandonadas a la imaginación o a la creatividad subjetivistas, acrecientan la negatividad y, por tanto, son utilizadas fácilmente por las fuerzas malignas).
-"El medio es el mensaje", decía McLuhan; es la profanación de Mercurio, del verbo, que, lejos de cumplir su función mediadora, escamotea las "dos orillas" en presencia. La hipertrofia de la imagen (de la palabra desprovista de pensamiento) como sustitución de la realidad (la "sociedad del espectáculo" es sólo uno de sus aspectos).
-Falseamiento del Tetragrama o mutilación del mismo como origen de todo ("Padre, Hijo y Espíritu" separados entre sí o enclaustrados en su mismidad). Filosofía moderna como sustitución de la realidad por el pensamiento antropocéntrico.
-¿En qué reside el poder del universo mediático? En la morbosidad que arrastra (el "morbo" en su acepción moderna: complacencia en la enfermedad, "morbosidad" como inversión; mitificación de la transgresión como reivindicación del pecado y de la caída) como consecuencia del embate o el control diabólicos.
-¿Riesgos de Internet? La indiscriminación en estado puro; el "medio como mensaje" llevado al extremo, y un medio no sometido a la menor ordenación jerárquica u objetiva.
-¿Qué realidad tienen las ideas? ¿"Entes de razón con fundamento en la realidad, como dirían los Escolásticos? Todas las cosas tienen su raíz en el ámbito espiritual, que rebasa el orden espacio-temporal sin, por supuesto, negarlo.
-Por eso las sustancias intelectuales o espirituales gobiernan el mundo material, y lo hacen a través de los planetas, es decir, de las totalidades que integran y compendian ese mundo. Por eso cualquier cuerpo tiene su tema astral, en el que hay que distinguir su ser propiamente dicho; las ideas propiamente dichas no están en el espacio-tiempo; ¿luego nuestra mente confina con la eternidad en la medida en que no habla de "individualidades"?
-A partir de Gutenberg, la función del mensajero se hace cada vez más importante, pero él todavía se subordina al contenido objetivo, al mensaje a transmitir.
-Desde el comienzo de la época mediática, no hay ningún mensaje que transmitir. El verbo narcisista se enseñorea del mundo. En lugar de la doctrina de la Escritura según la cual "Dios creó los mundos por su Palabra poderosa", se podría hablar de la "creación" del "antimundo" por el "anti-verbo". Puesto que el medio no puede bastarse a sí mismo, su función no puede ser otra que la de convertirse en un "anti-verbo" que crea un sucedáneo del mundo, un "antimundo", el del "Príncipe".
-Así, pues, el proceso ha pasado por varias etapas: 1) Gutenberg (posibilidad aumentada de transmitir cultura); 2) Modernidad (el verbo humano como transmisor (al principio) de la realidad creada por Dios); 3) Modernidad usurpadora (el verbo humano como transmisor de una realidad formada por la "Naturaleza" o la "Conciencia cósmica"); 4) Existencialismo (verbo humano como intento de dar sentido a un mundo absurdo o, al menos, sin sentido al margen del hombre); 5) Postmodernidad (la forma degradada del verbo humano, sin conexión con la verdad ni con el sentido); 6) La sociedad mediática ("el medio es el mensaje", apoteosis del narcisismo); 7) El antimundo como "creación" del anti-verbo, del "Príncipe de este mundo".
-Dejando a un lado el elemento fuego, correspondiente a la voluntad, los otros tres designan: el aire, la idea y el pensar; la tierra, las cosas materializadas; el agua, las emociones, sentimientos e imágenes. Al fuego, que simboliza la voluntad, puede aplicársele el adagio "Nihil volitum nisi praecognitum", de manera que a la voluntad, que constituye la "esencia" del Yo, le antecede el conocimiento.
-Aire...intelecto/ agua...sensibilidad, emotividad; tierra...cuerpo físico; fuego...voluntad.
-Cabeza...espiritualidad; tronco...alma, sentimientos; abdomen...corporeidad, instintividad. Cerebrotónico /somatotónico /viscerotónico.
-En el hombre: Iod..."espíritu"/Vau..."cuerpo"/He+He..."alma". En el cuerpo: Iod...cabeza/Vau...abdomen/He+He...tronco (con brazos+piernas, una atribución que se hace palpable cuando se otorga al cuerpo la forma esférica).
-Relación de inversión entre "espíritu" y "cuerpo" (representados respectivamente por el triángulo en posición normal y el triángulo invertido, símbolos que, por lo demás, corresponden al fuego y a la tierra). En cuanto al alma, su carácter dual viene significado por aire+agua, figurados respectivamente por el triángulo normal cortado en su parte superior por una línea horizontal, y el triángulo invertido cortado por una línea semejante.
-Predominio del "alma corpórea" en el hombre actual (a diferencia del anterior, en el que la primacía se atribuía al "alma espiritual").
-¿De dónde el carácter "terminal" el mundo mediático? Culminación de Vulcano (o Palas Atenea, según las diferentes tesis de los astrólogos) en Virgo.
-Actualidad del "verbo", que no es ya el creador del mundo, sino su destructor o "simio".
-La realidad virtual como sucedáneo de la realidad auténtica. Nada existe si no está en los "mass media" (si el silencio es oro, la palabra es plata, los libros son bronce y los "medios de comunicación son hierro, estamos bajo la tiranía del hierro, como corresponde a nuestra "edad de hierro" o "edad oscura" (marcada por la "Luna negra" o por el eclipse del sol; el mejor remedo del Tetragrama: nº atómico del hierro=26).
-El riesgo de Internet o, mejor, de la mentalidad subyacente al proyecto: entrar en la multiplicidad, en el ámbito que pugna por considerar equivalentes todos los mensajes. Nuestra misión como cristianos portadores del Espíritu, del Defensor del Verbo: recordar a la humanidad que existe la "jerarquía de los metales".
-La neutralidad de la Red no es como tal diabólica, pues se trata de un instrumento como otro; sí lo es el mensaje que se quiere transmitir, la "verdad democrática" ("¿Qué es amor, que es verdad...., dice el "último hombre" guiñando un ojo", "El último hombre es...", decía Nietzsche).
-La Red como sucedáneo de cualquier otra instancia: "El medio es el mensaje"; si el verbo debe estar al servicio de la realidad, aquí no hay más realidad que el "verbo" mismo. Es la gran trampa y la gran mentira, disfrazada de tolerancia y de respeto.
-"Prohibido prohibir" ="Mandado no prohibir"= "Todo está permitido", como ya dijo Dostoievsky como corolario de la inexistencia de Dios. Internet no es Dios, pero puede actuar como una tentación del demonio: "El árbol de la ciencia del bien y del mal", la permisividad como negación de todo precepto. Ya no se trata del verbo que crea el mundo, ni siquiera del que intenta entenderlo, sino del que no tiene otra cosa que decir que a sí mismo; o, mejor dicho, del exhibirse "impúdicamente" sin decirse, que a eso no llega su decir; no importa el tema del "verbo", sino el "verbo" que nada dice (subjetivismo versus realidad objetiva, por difícil que resulte la "adecuación entre intelecto y cosa"). En efecto, el decir supone la dualidad armónica concepto-cosa. Pecado contra la Vau del Tetragrama, contra el Verbo.
-Y no sólo verbo, sino "escritura", como si ésta, por el hecho de utilizar caracteres, ya gozase de la legitimidad "mágica" que da lo escrito. Es el escribir como acto no ligado al pensar, sino a la mera impresión, al psiquismo; el mal periodismo del que hablaban Kierkegaard y Spengler como algo consustancial a la época. Remedo de la Escritura; por tanto, del Espíritu y no sólo del Verbo: Antiguo y Nuevo Testamentos como improntas respectivas de ambas He. Ahora, caricatura de la Ley y del Amor. ¿Cuál es la nueva "Ley": la inversión de los 10 mandamientos ("7 cabezas y 10 cuernos", dice el Apocalipsis, lo cual puede referirse a los pecados capitales y a los anti-mandamientos). ¿Y del Nuevo Testamento? El odio, el rechazo de "lo otro" y del "otro", la glorificación de la mismidad y del autismo.
-"Luna negra" como símbolo de lo antinatural y antimaternal; y, por consiguiente, de lo "puramente humano" en el sentido de "contra natura". "Luna negra" como mentalidad típica; ya no es la Luna, símbolo del pueblo capaz de recibir el soplo del Espíritu y fiel custodio de la Tradición, sino la masa desnaturalizada, desarraigada y "cerebral", habitada por el "poco saber", homocéntrica y enemiga de todo lo heterocéntrico, regionalista y contraria a la verdadera universalidad, unilateral y a la vez ambigua, incapaz de conceptos universales, en definitiva, oscura.
- En cuanto al "Sol negro", podemos relacionarlo con la ausencia o el alejamiento del espíritu, su eclipse (otra expresión de lo cual es el eclipse solar, lo que nos recuerda el lema de san Malaquías, "De labore solis", tantas veces aplicado a la actual época de la historia de la Iglesia.
-Por lo demás, ¿qué es lo que oculta al "espíritu"? Justamente el "alma", situada sobre la eclíptica (traducir al equivalente epistemológico). Por consiguiente, no es la "Luna negra" en el sentido de ocultada por la Tierra con ocasión de un eclipse, sino en el sentido de ocultante y ensombrecedora en el eclipse solar. El lema puede aplicarse justamente a Internet como máximo exponente del imperio mediático. El Dragón que devora alternativamente a la Luna y al Sol es, pues, el signo de nuestra época: "Sol negro" y "Luna en sangre".
-Por cierto, ¿cómo interpretar el "De medietate Lunae"? ¿Quizá como la Luna menguante, puesto que aparenta la mitad de la Luna llena (al igual que el cuarto creciente, pero aquí el simbolismo es, lógicamente, positivo), relacionada con el esplendor de la humanidad y, a otro nivel, de la Iglesia? "De medietate Lunae" sería entonces la decadencia de la humanidad normal y de la Iglesia, que terminaría en la ocultación del Sol del espíritu o en la lucha sin cuartel por evitarla: "De labore solis"?
-Frente al simbolismo del eje nodal, el de la separación de los polos lunar y solar. Homosexualidad como tendencia antinatural que acompaña a todo lo anterior: en efecto, se trata de la separación de Sol y Luna, de la cerrazón a lo otro.
-"Adecuación" como fusión o unión entre los dos polos. Otra cosa es la dificultad arraigada en el pecado original; pero, del mismo modo que el pecado no destruye la naturaleza, sino que únicamente la vulnera, tampoco la gracia destruye la naturaleza, sino que la perfecciona.
-¿Y cuál es el ámbito en el que primero se regenera la naturaleza? Justamente el de la verdad; por eso el Espíritu Santo vela para que la Iglesia no se aparte de la verdad.
-Pero una cosa es guardar el depósito de la verdad y otra realizarla en la propia vida: "Nihil volitum nisi praecognitum", pero no basta el conocimiento de la verdad, en último extremo, de Dios; hay que incorporarlo a la propia vida.
-Imágenes como reflejo de las cosas (eikasía platónica); un reflejo que, lógicamente, tiene que ver con el elemento agua; en cuanto a los reflejos de las Ideas, los números, vendrían representados por el elemento aire.
-Por consiguiente, desmaterialización como correlato de la desespiritualización (establecer bien las correspondencias entre el Tetragrama y el ser humano).
-Podemos decir como Léon Bloy al final de sus días: él decía esperar ya únicamente dos cosas: la venida de los cosacos y la del Espíritu Santo. Los "cosacos" ya vinieron (y se fueron); sólo queda por venir el Espíritu Santo.
-Dominado por los medios de comunicación, nuestro tiempo es, por ello mismo, el tiempo de la espera del "nuevo Pentecostés"; en efecto, el Espíritu es también la corriente que circula entre el Padre y el Hijo, el medio entre ambos, su punto de contacto.
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12 Enero 2011
1)El reino de Dios en su expresión perfecta y acabada: la eternidad participada.
2)En su manifestación imperfecta e incipiente: el tiempo posterior a Cristo y, según J.Carmignac, a contar desde la predicación de Juan el Bautista ("Desde los días de Juan el Bautista, el reino de Dios sufre violencia...").
3)"Se ha cumplido el kairós, y el reino de Dios está cerca", dice Jesús, un reino que culmina en su pasión, muerte y resurrección.
4) El "kairós" astrológico será, pues, el tema astral del instante en que da principio la predicación de Juan, y su aspecto culminante, el de aquellos acontecimientos fundacionales.
5) Así, pues, cabe utilizar el tema de la Era Cristiana, así como el de la muerte de Cristo como referencias al reino de Dios propiamente dicho, pero también el tema del 6-1-27, es decir, el de la predicación de Juan el Bautista, en el sentido señalado en 2).
6) ¿Es descriptible el reino de Dios en términos astrológicos? Sólo de un modo incipiente y aproximativo, puesto que la astrología toma como base la interacción planetaria y la convierte, salvadas las distancias, en símbolo de la existencia humana. Ahora bien, semejante simbolismo, supuesta la revelación, no pasa de otorgarnos un conocimiento meramente analógico.
7) Por tanto, el reino de Dios no es comprensible a partir de esa analogía, ya que, en último extremo, se trata de la deificación del hombre, de su participación gratuita en el ser divino.Y si ya en el terreno de la comunicación interhumana está presente el misterio de la propia individualidad personal, que sólo se conoce por revelación, cuánto más en el contacto Dios-hombre.
8)¿Hasta qué punto es cognoscible la condición humana mediante la astrología? Puesto que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, no cabe conocer plenamente la condición original del hombre por astrología, ya que ello implicaría el conocimiento directo de Dios.
9) Sin embargo, supuesta la caída, el hombre queda disminuído y sometido en parte al cosmos.Y, en este sentido, su ser es parcialmente comprensible desde la astrología. De ahí la distinción entre buenos y malos aspectos planetarios o entre el "trono" de un planeta y su "exilio",etc.
10) Habrá así un tiempo para cada cosa, como dice el Eclesiastés, lo cual rima perfectamente con la alternancia de las posiciones y de los ángulos astrales.
11)Pero no cabe hablar de una "plenitud del tiempo" en el sentido de la llegada del reino de Dios. Semejante "kairós" supone una apertura del tiempo a la eternidad, una apertura no calculable desde el simbolismo astrológico. A lo sumo, podríamos hablar de una "apertura a lo divino" concebido de manera analógica.
12) Y esto se aplica al reino de Dios en su más amplia extensión, al igual que a la historia del individuo. Sólo estamos en situación de conocer la casa IX, su regente, los tránsitos y progresiones que la afectan en un instante dado: el "kairós" astrológico no pasa de ahí. Todo ello conectado con la I y su regente, a fin de conocer la relación entre el hombre individual y Dios.
13) Para Platón, "el tiempo es la imagen móvil de la eternidad".Esto es aplicable a la estructura del tiempo astrológico, en el que cada instante ha de ser comprendido como viniendo de Dios y retornando a él. Pero ello no significa que el saber astrológico nos dé los medios para experimentar esa vivencia en toda su profundidad y, menos todavía, para entender el crecimiento del reino de Dios en nosotros y en la historia. En rigor, es imposible salir del tiempo cíclico, ya considerado como la "repetición perpetua de lo mismo", ya experimentado como la desintegración y recomposición del instante. Tan sólo la intervención de Cristo (en el que se recompuso de una vez para siempre el tiempo de la humanidad) nos da la potestad para salir de esa ciclicidad.
14) Habla Abellio de la "omnisciencia" de la visión, de la "incompletez" o "indigencia" de la acción y de la "omnipotencia" del arte. Es un modo de reconocer, desde la gnosis, la relativa adecuación del entendimiento y la inadecuación de la voluntad, cuya superación a través del arte no alcanza en modo alguno la experiencia de la gracia, por más que se la describa exteriormente como la "facilidad del arte". Por lo demás, Abellio peca de optimista al concebir la visión.
15) En virtud de la concepción del tiempo que distingue al reino de Dios, la ciclicidad se rompe y el devenir desemboca allí donde nace, a saber, en la eternidad. La diferencia entre tiempo salvífico y eternidad consiste, pues: a) en la experiencia misma de la sucesión, y b) en su carácter irrepetible (frente a la concepción griega).Y esto es válido tanto para el individuo como para el mundo en su totalidad.
16) Se trata, pues, de integrar la sucesión temporal (ya sea la existencia individual, ya la existencia del mundo en su totalidad) en la eternidad de Dios. Esta irrumpe en el tiempo y no se limita a permanecer en sí misma. En efecto, no es una asunción del tiempo (una vez acabado) por la eternidad, sino de la asunción de todos y cada uno de los instantes de la temporalidad. En virtud de ella, la entera corriente del tiempo se transforma en experiencia salvífica, no sólo de manera integradora, sino también diferenciadora.
17) Aquí conviene hacer algunas consideraciones sobre la "medida del instante".¿Cómo medirlo? Parece lógico utilizar como patrón el "rega", es decir, el tiempo que dura una respiración, de manera que 1 día=25920 rega.Y parece lógico justamente porque la respiración reproduce de forma plástica el doble movimiento de diferenciación(espiración) e integración (inspiración) que caracteriza al tiempo.Por el primero, expansivo, se forma el mundo; por el segundo se destruye o se contrae. Por consiguiente, respirar es asistir a la creación y destrucción continuas del mundo. Esto nos permite dividir la duración de cualquier período en dos fases: la primera, "temporalizadora"; la segunda, "eternizadora".Por tanto, si la duración media de la vida humana es de 70,96 años, cabe dividirla en dos períodos de 35,5 años, uno "diferenciador" y otro "integrador".
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21 Diciembre 2010
-Distinguiremos tres niveles de realidad y, por consiguiente, tres niveles de lenguaje:
1) el corpóreo, gobernado por los astros (se trata de las "inclinaciones" o "proclividades", lo que a veces se denomina el "destino").
2) el psíquico, dependiente de la voluntad y de la razón (no predecible por el saber astrológico, aunque sí descriptible mediante el lenguaje astral; sí se puede afirmar que, al margen de la gracia, la voluntad no puede modificar gran cosa las inclinaciones básicas. Es lo que se llama la "voluntad abandonada a sí misma", un concepto tan abstracto como el de "estado de naturaleza", algo que, en realidad, nunca ha existido, puesto que Dios, al crear al ser humano, lo elevó simultáneamente al "orden" sobrenatural).
Para ser más precisos, habría que hablar de "naturaleza caída", en la cual habrá diferencias en cuanto a la constitución natal de cada uno, pero no a la condición caída. En realidad, cualquier tema natal hay que interpretarlo en sentido peyorativo, salvo que al sujeto de referencia se le haya aplicado la Redención operada por Cristo, es decir, que haya recibido el Bautismo (efectivamente, o "de deseo"). En otro caso, la interpretación de los aspectos negativos (cuadratura creciente, oposición y cuadratura menguante) será bastante negativa, mientras que los positivos (sextil y trígono) estarán muy limitados desde el punto de vista espiritual. En cuanto a la conjunción, se interpretará positivamente (pero no demasiado) o negativamente según los planetas que la forman.
3) el pneumático o sobrenatural, marcado por la gracia. Aquí sí nos encontramos con una realidad concreta, la modificación del destino y de la voluntad por la Providencia. ¿Puede representarse o describirse por medio de la astrología? Si acudimos a la frase según la cual "Los últimos serán los primeros..." o también a esta otra, "El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado", el "tema sobrenatural" será el "inverso" del "corpóreo". En lo que se refiere a los aspectos, los negativos no se interpretarán como favorecedores del egoísmo o de las inclinaciones morbosas, sino más bien como indicadores del contraste entre la gracia y la voluntad o para subrayar la necesaria colaboración entre Dios y el hombre. Los positivos tendrán en principio más fuerza si pertenecen a la fase descendente o de retorno que a la ascendente o de separativa, ya que pertenecen a una vivencia más completa de las relaciones entre lo divino y lo humano.
-Otra cuestión. Dado que no existe algo así como el "estado natural", ¿podría hablarse de un "tema sobrenatural", de manera que la condición "pneumática" pudiese verse reflejada en él? Para comprender semejante tema haría falta una ciencia realmente divina. En efecto, si a los ojos de Dios no hay pasado ni futuro, sino sólo el presente de la eternidad, Él puede ver el nacimiento y la suerte final de un humano en un mismo acto: a través de él, el ser humano en cuestión es contemplado en el contexto del universo. Ahora bien, es ese contexto lo que denominamos "tema astral". En tal caso, no habría que invertir el tema "corpóreo". Tendríamos siempre el mismo tema, pero interpretado a diferentes niveles.
-Puesto que ningún ser humano posee en principio esa ciencia, habrá de mirar el tema, primero como "corpóreo" y "fatal"; luego, como "indeterminado" y modificable; finalmente y sólo con la ayuda de la gracia, como el contexto que define a una persona salvada o condenada. En el primer caso tenemos a una persona que se deja llevar por sus inclinaciones tal como vienen descritas por el saber astrológico. En el segundo nos las habemos con un conflicto entre la voluntad y esas inclinaciones (para bien o para mal). En el tercero, la persona responde plenamente a la acción de la gracia, o bien deja de responder a ella.
-¿Cómo conocer el nivel de la interpretación? Mediante una toma de contacto con el sujeto. Así sabremos: 1) si responde pasivamente a su tema natal, o 2) si entra en conflicto con él (para bien o para mal).
-Es la entrada consciente en el ámbito de la gracia y su respuesta a ella lo que determina el nivel existencial.
-Lo anterior nos lleva a imaginar un esquema completo del desarrollo del tema: a) respuesta pasiva al tema o identificación pasiva con él; b) primera diferenciación entre el tema y el desarrollo existencial, salida del "Padre" (algo así como una inversión de las características astrales es lo que domina en esta fase); c) plena diferenciación; d) primera abolición de la diferencia, hasta llegar al retorno al "Padre", en la conjunción del nuevo ciclo. El esquema parece clave para entender el distanciamiento y la vuelta al origen o abolición de esa distancia.
-De ahí la relevancia de las direcciones primarias y las cuatro fases de todo ciclo, que aquí aparecen con claridad: conjunción-creciente-oposición-menguante. De esta manera, el ciclo, al introducir el tiempo, delinea las fases de la autoconciencia.
-El tiempo presenta, pues, este ritmo, que constituye la estructura del momento presente y, por consiguiente, de cualquier ciclo, por pequeño que sea, y que nos da la posibilidad de aprovechar plenamente las oportunidades que nos ofrece la gracia. Como también la posibilidad de malograrlas. Es el misterio de la libertad humana.
-Semejante estructura figura muy bien el contraste entre voluntad y gracia y el diálogo que se establece no entre el yo y el mundo, sino entre el yo y Dios. Los cuatro momentos son la subdivisión de las dos fases: la que va del "Padre" al "Hijo" y la que retorna del "Hijo" al "Padre". Éste sería el eje vertical (conjunción-oposición); el horizontal (creciente-menguante) viene determinado por ambas He, las letras del "Espíritu Santo". La vertical expresa, pues, posiciones extremas entre voluntad y gracia; la horizontal, posiciones intermediarias. De la gracia a la voluntad se desarrolla la primera fase; de la voluntad a la gracia, la segunda; y en medio de cada fase se da un momento de equilibrio entre ambas instancias.
-De la colaboración y sintonía con el esquema anterior dependerá la mayor o menor apertura a la deificación.
-Se impone, pues, Inscribir las épocas de la vida en el esquema en cuestión. Ya hemos dicho que el primer momento es la "conjunción": se caracteriza por la pasividad del sujeto, que aún no ha desarrollado su yo; "Dios nos crea sin nosotros". El segundo es el "cuarto creciente": lo que lo define es el surgimiento del yo, que entra en diálogo con Dios (o de la voluntad, que empieza a dialogar con la gracia). El tercer momento es la "oposición", en la que los fueros del yo se distancian al máximo de Dios (o la voluntad de la gracia). Viene finalmente el "cuarto menguante", en el que el yo empieza a entrar de nuevo en diálogo con Dios, esta vez "de vuelta" (o la voluntad con la gracia), afrontamiento que le llevará a la fusión con él (o de la voluntad con la gracia).
-Esto en la actitud de colaboración. En la actitud de resistencia, el ser se opondría a la marcha de los acontecimientos, de manera que, al principio, por ejemplo, no querría asumir su propia subjetividad, permaneciendo demasiado tiempo "en el seno de la madre". O también, ya en el proceso de retorno y, por consiguiente, de superación de la propia subjetividad, tendería a permanecer encastillado en su yo, sin reconocer al Dios que le ha creado y que se halla en el comienzo de todo o, lo que es igual, en su voluntad, rechazando toda apertura a la gracia.
-Un ejemplo de cómo se esquematizan los 4 momentos.
"Conjunción"= descripción del tema natal a partir de los conocimientos de la simbólica astral. Semejante análisis nos presenta una visión exterior de nuestro ser, que aún no se ha manifestado como un yo.
"Cuarto creciente"= surgimiento de un yo (incipiente desde el comienzo del ciclo) capaz de afrontar al Dios que lo ha creado (o surgimiento de la voluntad que empieza a dialogar con la gracia). Es el aspecto de cuadratura. Así, una persona con Mercurio en Aries en su tema natal tomaría conciencia de cómo es su mente con Mercurio en Cáncer; y lo mismo ocurriría con la toma de conciencia de los demás planetas, signos y casas (por ejemplo, para Venus en Tauro, Venus en Leo; para Marte en Acuario, Marte en Tauro, etc.; para ASC. en Leo, ASC. en Escorpión; para M.C. en Tauro, M.C. en Leo, y así sucesivamente).
"Oposición"= la autonomía del yo llega a su apogeo y tiende a escapar a la atracción de Dios (o la voluntad a la atracción de la gracia). Así, Mercurio en Aries llegaría al apogeo de su autonomía en Libra; Luna en Capricornio, en Cáncer; Plutón en Leo, en Acuario; M.C. en Tauro, en Escorpión, etc.
"Cuarto menguante"= la autonomía del yo va disminuyendo y tiende a reconocer de nuevo los fueros de Dios (y lo mismo puede decirse de la voluntad respecto de la gracia). Así, Urano en Géminis alcanzaría ese estado en Piscis; Júpiter en Cáncer lo alcanzaría en Aries; el ASC. en Leo, en Tauro, y así sucesivamente.
El proceso iniciado en el "cuarto menguante" culminaría en la "identificación" del yo con Dios o de la voluntad con la gracia. Para cada planeta, signo o casa, semejante "identificación" coincidiría con el retorno a su posición natal.
-Por tanto, la visión estática de un tema es inseparable de la dinámica, la espacial de la temporal. De ahí la importancia de las progresiones, especialmente las direcciones primarias, pues expresan como ninguna los sucesivos momentos de la historia de un ser.
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16 Junio 2010

-Incluso de las personas que despiertan muy pronto al filosofar cabe decir que su filosofar es durante mucho tiempo un mero vivir y no propiamente un pensar.
-Razón: es la vivencia del tiempo la que nos madura (si uno está "en vías de salvación") o nos desintegra (cuando, por el contrario, uno está "en vías de perdición"). Por eso, cuanto más cerca estamos del fin de nuestra existencia, mayor es la capacidad para tener una visión global.
-Y de ahí que cuanto más largos sean los ciclos planetarios, mejor simbolizarán la auténtica posibilidad del filosofar. Por ejemplo, Saturno representará un pensar más profundo que el de Júpiter, y Urano, Neptuno y Plutón un pensar todavía más profundo que el de Saturno.
-Por consiguiente, para cualquier sujeto, los ciclos de los planetas rápidos simbolizarán el "vivir" y los de los lentos el "filosofar". Lo cual no quiere decir que en el intervalo marcado por la revolución de un planeta rápido sea imposible el filosofar. Lo es, aunque no con la radicalidad con que puede hacerlo en el ciclo de revolución de un planeta lento.
-Por lo demás, a cualquier existencia, por breve que sea su duración, se le puede aplicar analógicamente el mismo principio. Es decir, que la dimensión "cuantitativa" que es el vivir halla su integración (o, en el peor de los casos, su desintegración) en la dimensión "cualitativa" que es el filosofar.
-Las reflexiones anteriores vienen perfectamente compendiadas en la conocida sentencia de Hegel: "La lechuza de Minerva levanta el vuelo al anochecer". Es la visión de la existencia como camino teorético.
Y, sin embargo, el camino en cuestión se nos muestra incompleto e insatisfactorio a la luz de otra sentencia, esta vez de san Juan de la Cruz: "Al atardecer de la vida se nos examinará del amor". En definitiva, es la búsqueda del Amor divino como fundamento del existir lo que nos permitirá evitar la deriva gnóstica.
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8 Mayo 2010
La dialéctica esencia-existencia
En la lógica tradicional y en conexión con la índole de los conceptos se habla de la oposición entre "extensión" y "comprehensión": a mayor extensión, menor comprehensión (o definición) y viceversa. Por ejemplo, la noción "ser", la más extensa que concebirse pueda, es también la que menos "notas" incluye. Por su parte, cualquier "cosa", cualquier ente individual se caracteriza por el máximo número de "notas". A mayor extensión, mayor proximidad a la unidad (representada por el "ser"); a menor extensión, mayor alejamiento de la misma. En este sentido, cualquier individuo se sitúa en la multiplicidad, aunque haya grados dentro de la misma.
Entre el extremo esencial, significado por el "ser", y el existencial, representado por el "ente individual", media, pues, la máxima distancia. De ahí que resulte tan difícil conocer la existencia individual desde la abstracción esencial. Sin embargo, puesto que "lo que está arriba es como lo que está abajo", ¿cabe llegar al conocimiento de lo singular?
En principio, sí, siempre que apliquemos la analogía que caracteriza al símbolo. ¿Qué sentido tiene decir que el "ente individual" es "como el ser", cuando lo único que sabemos hasta ahora es que se distingue radicalmente de él? En efecto, cualquiera que sea la perspectiva que utilicemos, se diferencian entre sí como un máximo y un mínimo, un abstracto y un concreto, la unidad y la multiplicidad, a saber, como dos contrarios. Si la analogía afirma que "uno es como el otro", habrá que añadir, "pero al revés". De esta manera, el conocimiento del polo esencial nos llevará al del existencial y viceversa. Aplicar esto al análisis y la síntesis, el conocimiento de la historia y el de las esencias intemporales, el del espacio y el del tiempo, etc.
Así, Saturno como esencia es inverso de Saturno como existencia: si el primero significa la "estabilidad" o "permanencia" una, al margen de las circunstancias concretas, el segundo denota la encarnación misma de aquella "estabilidad" o "permanencia", su multiplicación.
Una ilustración: los símbolos astrológicos
Zodíaco
Cuerpo del macrocosmos, factor inmóvil en el que cada signo representa una parte o un miembro.
Tierra
Factor móvil que recorre el cuerpo macrocósmico y punto de referencia de cualquier ente en su desenvolvimiento temporal, pero también en su esencia intemporal.
Planetas
Factores móviles ligados a los signos. Representan los diversos planos de la esencia y de la existencia universales.
¿Cabe referir los planetas a otros tantos "cuerpos"? Sí. ¿Cómo denominarlos? Quizá lo más sencillo sea utilizar los nombres de los planetas y hablar de los cuerpos "lunar", "mercuriano", "jupiteriano", etc. Tales cuerpos se manifestarán de distinta manera según la casa en la que se sitúen o con la que estén conectados. Y es que el tema astral con sus diferentes sectores representa el cuerpo "terrestre" propiamente dicho, es decir, el cuerpo en que se encarna el yo solar. De igual modo, si tomásemos como punto de referencia la órbita de Marte en torno al Sol, el tema astral resultante figuraría el cuerpo "marciano" en que se encarnaría el yo solar.
Ahora bien, si tomamos como referencia el Zodíaco, es decir, el cuerpo del macrocosmos visto desde la Tierra, cada uno de los planetas constituirá el componente dinámico de un signo (él mismo factor estático). Y el tema astral nos dirá como los diferentes planetas se integran en las distintas partes del microcosmos.
¿Qué correspondencias se establecen entre el cuerpo del macrocosmos y el del microcosmos? Puesto que el desplazamiento del Sol en las casas sigue un camino inverso al de los signos, las correspondencias serán las siguientes:
Aries....de ASC a cúsp. de XII//Tauro....de cúsp. de XII a cúsp. de XI//Géminis....de cúsp. de XI a MC//Cáncer....de MC a cúspide de IX//Leo....de cúsp. de IX a cúsp. de VIII//Virgo....de cúsp. de VIII a DSC//Libra....de DSC a cúsp. de VI//Escorpión....de cúsp. de VI a cúsp. de V//Sagitario....de cúsp. de V a FC//Capricornio....de FC a cúsp. de III//Acuario....de cúsp. de III a cúsp. de II//Piscis....de cúsp. de II a ASC.
Otra cosa es si consideramos el tema como estático: en ese caso las correspondencias serían: Aries....I///Tauro....II///Géminis....III, etc.
Tiempos de revolución planetarios y su simbolismo
Cuanto mayor es el tiempo de revolución de un planeta, más amplia será su esfera de influencia y, por lo tanto, mayor será el número de individuos sometidos a él. Así, Júpiter poseerá un campo de influencia más amplio que el de Marte; Saturno rebasará a Júpiter; y Plutón los superará a todos. De manera que, en virtud de la "ley del espejo", las características de éste último planeta afectarán a los niveles más globales de la esencia y a los más primarios de la existencia: algo así como la dialéctica entre "ser" y "ente". Y, del mismo modo que cabe distinguir 4 niveles existenciales(materia, vida, conciencia y autoconciencia), habrá 4 niveles esenciales: el que abarca a todos los entes materiales será el más amplio; seguirá el que engloba a los entes vivos; algo más restringido será el de los entes conscientes; y el de menor extensión abarcará únicamente a los entes dotados de autoconciencia. En esta hipótesis, Plutón estará referido a la materia; Neptuno, a la vida; Urano, a la conciencia; y Saturno, a la autoconciencia. A mayor extensión, menor comprehensión o intensión.
Según eso y ampliando el número de niveles (la anterior enumeración era sólo un ejemplo), Plutón figuraría la máxima extensión y mínima comprehensión; la Luna, en cambio, la mínima extensión y la máxima comprehensión; de ahí el carácter individualizador de la misma, sólo superado por el del ASC. Es claro, pues, que, cuanto mayor es el período de revolución de un planeta, mayor es su capacidad para moverse en los ámbitos supraindividuales(o esenciales) o infraindividuales (constitutivos mínimos existenciales). No olvidar, de todos modos, que el tiempo es respiración: si el ASC tarda 4' aprox. en recorrer un grado zodiacal, empleará unos 4'' en recorrer un minuto zodiacal(muy próximo al "rega" bíblico, 3 1/3 segundos;véase el post "En torno a la división del tiempo en la Biblia").
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8 Mayo 2010
La relación universal/particular
¿Cuál es el estatuto de los entes abstractos, de los "universales" de la filosofía medieval? Puesto que están referidos a cosas pasadas, presentes o futuras, parece que suponen la capacidad del entendimiento para situarse por encima del tiempo y del espacio. Ahora bien, nos movemos en el ámbito de la lógica, no en el de la existencia. De hecho, el hombre que posee esa capacidad es mortal, al menos en cuanto al cuerpo. No así en cuanto al espíritu; quizá por eso Platón nos habla de las Ideas como situadas en un mundo intemporal, extrayendo todas las consecuencias de su universalidad. Y, puesto que dicha universalidad es indisociable de la intemporalidad e inespacialidad, no puede ser otra que la radicada en el ser divino, al que Platón identifica con el Bien. No en vano los neoplatónicos y san Agustín apuntaron, cada uno a su manera, en esa dirección. La lógica nos remite así al ámbito divino como fundamento del pensamiento y de los universales. Por tanto, el pensamiento y sus categorías nos muestran en su operación la existencia de la esfera eterna. ¿Quiere esto decir que el hombre es un ser deiforme o eterno? No, pero sí que es una existencia abierta a la eternidad.
¿Qué pensar entonces de la sobre-cosificación de los objetos subsiguiente a la reintegración de las esencias en las cosas de que habla Abellio? Sería algo así como una toma de conciencia del papel estructurador y organizador de las esencias. ¿Y qué decir de la "encarnación" de las ideas en las cosas de que habla Aristóteles? En el fondo va en la misma dirección: no es posible hablar de las ideas separadamente, sino que las ideas lo son de las cosas. Platón lo supone, ya que, de otra manera, no se plantearía el problema de la fundamentación de lo real o el de la investigación de su "naturaleza". Me viene a la memoria lo que leí en algún lugar sobre el sentido "anticrístico" de la doctrina de Aristóteles. Quizá se refiriera a este punto, es decir, a la adjudicación a las cosas concretas de lo que constituye la índole de las ideas. ¿Cuál es esta índole? El esquema eterno aplicable a todos los individuos de una misma especie. Pues bien, si, más allá de la interpretación habitual de Aristóteles, identificamos la idea con la materia, puesto que se trata de diferentes polos ("Purusha" y "Prakriti" u otros términos equivalentes), la interpretación "anticrística" invertiría el orden normal de las cosas. Por otra parte, la doble dimensión de la vertical en Abellio expresa el contraste primordial entre ambos polos de la "manifestación", de manera que la confusión entre el hemisferio superior y el inferior sería de índole "satánica".
Todo lo cual nos lleva a las siguientes conclusiones:
1) Aun después del pecado original, el hombre está abierto a Dios y, por consiguiente, a la esfera de la validez universal.
2) Aunque el cuerpo haya de pasar por la muerte, el espíritu sigue siendo inmortal, no eterno, inmortalidad desde la que es posible la persona, es decir, el estar en la presencia de Dios, o, mejor, frente a él.
3) El lenguaje, como expresión del pensamiento, conserva, no obstante, la referencia al ámbito de la eternidad, sin que ello suponga la plena realización del ser: una cosa es la lógica, y otra, la ética.
Pervivencia del pasado y anticipación del futuro
Puesto que el pasado y el futuro son cognoscibles en parte, ¿se puede afirmar que existen de la misma manera que el presente? Una hipótesis semejante sólo puede sostenerse sobre la base de la existencia de un ser supratemporal (si se trata de conocimiento estricto) o de un ser cuyos recursos para la conjetura son muy elevados.
En la primera situación, es indudable que el pasado y el futuro existen en cuanto sostenidos y conocidos por la esencia divina. Y así, puesto que, para la ciencia divina, el pasado es tan accesible como el futuro, se puede hablar de una pervivencia del primero y de una anticipación del segundo. De este modo, para un místico, cuyo entendimiento se identifica con el Intelecto divino, es posible acceder a ambos, al menos de manera parcial e incompleta (en el caso de que posea dicho carisma). En cuanto al segundo caso, una inteligencia angélica o diabólica, o también un hombre dotado de sabiduría puede "rastrear" el pasado o el futuro desde el presente, a partir del contacto con la persona concreta, su aura o su tema astral.
No es posible, sin embargo, viajar al pasado o al futuro con el propio cuerpo, como si ambos continuasen existiendo a la manera del presente. Sí cabe hacerlo con la imaginación o con la "razón conjetural" y, evidentemente, a otro nivel, el de la "identificación" con la esencia divina que todo lo sostiene. Así, cuando el "hombre interior" nace en uno, es posible contemplar desde fuera la vida anterior y posterior, reinterpretándola y transfigurándola desde la mente divina, de la que comenzamos a participar. Este es el sentido de la "recuperación del pasado", como también de la "anticipación del futuro", siempre suponiendo que el acceso al "eterno presente" tenga, como es lógico, un carácter no permanente. En caso contrario, ya no habría pasado ni futuro en sentido estricto.
Semejante acceso al "eterno presente" recompondría, por tanto, los fragmentos mal ensamblados o insuficientemente comprendidos de nuestra existencia, otorgándoles pleno sentido. Entenderíamos así una serie de circunstancias que han rodeado nuestra vida y, hasta cierto punto, las "razones de nuestro nacimiento y de nuestra misión en el mundo". Desde la ciencia divina cabe comprender la cadena de las causas y de los efectos en la medida en que todo estaba ordenado por la Providencia hacia el pleno "despertar de la gracia". ¿Cabe también, en sentido "contrario" y a la manera de un conocimiento "sombrío", el percatarse desde una instancia que no puede ser la divina, sino un engaño diabólico, de la conexión ilusoria y absurda de causas y efectos que conducirían a un alma perdida a la conciencia de su propio extravío? No es posible comprender en último extremo el absurdo: sólo Dios puede saber de él sin quedar afectado.
Futuro universal y particular
La capacidad de ver todos los detalles del futuro es propia de la ciencia divina y, puntual y limitadamente, de quien participe de ella. Por eso, cuando se trata de predecir el futuro, la particularización exhaustiva o muy grande presenta dificultades casi insuperables. Por tanto, más allá de la astrología influencial (hechos aislados), simbolista ("atmósferas") y estructuralista (ordenación de esencias desde el Yo trascendental), cabría otra, la que participa de la visión divina.
Esta última no sólo supondría la emergencia del Yo trascendental y la comprensión global de las esencias, sino también la capacidad para nombrar los hechos. Una cosa es aludir a los distintos niveles en que se manifiesta el símbolo, "dar detalles" sobre él, esperando que dicho símbolo se traducirá en alguno de ellos, y otra muy distinta comprender la esencia de un símbolo en tanto se manifiesta de muchas maneras y en muchos acontecimientos, señalando o ilustrando con certeza (y no a la manera de una suposición) una serie de hechos en que se muestra. Hay grados en ese conocimiento de lo particular, pero la menor capacidad para conocer de antemano lo particular indica un estado de conciencia más elevada que la que marca la emergencia del Yo trascendental. Con todo, habría que profundizar más en esta cuestión, ya que lo particular posee una realidad más primaria que lo universal: el primero se mueve en el ámbito de lo infinito (o, por lo menos, tiende a él, pues, en rigor, lo único realmente infinito es la esencia global "mundo" o "ser"); el segundo pertenece a la esfera de lo indefinido.
Habrá, pues, que distinguir entre:
Predicción del futuro en su dimensión universal....."atmósferas", "esencias" (las cuales poseen un grado de intensidad mayor que la de los simples hechos, sin alcanzar la intensidad última, propia de la esencia "mundo" o "ser". Por eso no apunta a los hechos concretos, o, mejor, apunta a hechos localizados en el espacio-tiempo, pero de una manera imprecisa)
Predicción factual.....multiplicidad de los hechos concretos (en realidad es la única que merece tal nombre, puesto que se refiere a acontecimientos situados en el espacio-tiempo).
"Predicción" que, en realidad, es visión.....tiene por término la esencia "mundo" o la totalidad del "ser". Y con el concepto "ser" englobamos, evidentemente, a Dios, la realidad fundante de todo cuanto hay. En este sentido, no es que renunciemos a percibir los acontecimientos, sino que aprendemos a verlos insertos en el ser divino (a modo de Idea platónica o arquetipo agustiniano). ¿Cómo se llega a este último modo de "predicción"? Por medio de una estructuración u ordenamiento de los símbolos que intervienen en un tema. De esta manera unificamos en una "esencia" la índole de un "sujeto" y la arraigamos en Dios.
Si tenemos en cuenta que la realidad tiene una dimensión histórica habrá que conciliar en ella la "mismidad" del sujeto con su "alteridad". Por tanto, cualquier predicción tendrá por objeto ambas cosas. No basta, pues, con hacer referencia a la "esencia" de lo que pasa; también convendrá, en la medida de lo posible, concretar los acontecimientos. Aquí radica la razón de la conjetura: en la necesidad de pasar de la "esencia" a "lo particular". En el otro extremo se sitúa la ciencia divina, la única capaz de ver lo particular, más allá de toda ciencia humana, que nunca es "de singulis". Entre ambas, la "sabiduría" del Yo trascendental no sería más que un intento de sobrevolar la existencia, sin conseguirlo: no en vano el propio Abellio habla de la necesidad de completar la "omnisciencia" con la "omnipotencia".
Lo importante es comprender la dualidad hecho-esencia, que nos remite a otra: multiplicidad-unidad. Se trata siempre de ordenar un caos, de sobrepasar una multitud. Y esta tensión acompaña siempre a la vida intelectual.
¿Cuál es el camino para superar esta tensión y volverla creadora o productiva? La jerarquía de las nociones, los conceptos, las ideas tal como se presenta (aunque no conscientemente vivida) en el lenguaje. Este implica el poder de abstracción, de acceso a lo universal, un ámbito tradicionalmente dividido en grados, como señalaba ya Santo Tomás, que hablaba de tres grados de abstracción: a) la que prescinde únicamente de lo individual (típica de las ciencias naturales); b) la que hace precisión de todo menos de la cantidad (propia de las matemáticas); c) la que, ascendiendo hasta la cúspide de la abstracción, se queda únicamente con la noción de "ser".
En realidad, la primera señala el paso del "hecho bruto" al concepto, de lo particular a lo universal, de la existencia a la esencia. La segunda supone una inmersión mucho más profunda, la que da lugar al número. La tercera, cuya esfera propia es el mundo de las Ideas, culmina en la noción de "ser", que engloba también lo que Platón llamaba el Bien, puesto que el "ser" no abarca únicamente al mundo, sino también a su fundamento radical (no en vano se dice de tal noción que es "análoga"). En este punto conviene distinguir entre los números platónicos que, según Aristóteles, no son otra cosa que las Ideas, y el número en su aspecto cuantitativo, al que alude Tomás cuando hace referencia al segundo grado de abstracción.
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