Categoría: moral
3 Junio 2011
1 Como nieve en verano y lluvia en la cosecha, así de mal le sienta la gloria al insensato.
2 Como revolotea el pájaro y vuela la golondrina, así no alcanza una maldición gratuita.
3 El látigo para el caballo, el freno para el asno, y la vara para las espaldas del insensato.
4 No respondas al insensato según su necedad, no sea que también tú te asemejes a él;
5 responde al insensato según su necedad, no sea que pase por sabio a sus propios ojos.
6 Se mutila los pies, bebe sinsabores, el que envía mensajes por medio de un necio.
7 Como las piernas vacilantes del rengo, así es un proverbio en boca de los necios.
8 Como sujetar una piedra en la honda, es tributar honores a un insensato.
9 Espina en la mano de un borracho es un proverbio en la boca de los insensatos.
10 Arquero que hiere a todos los que pasan es el que toma a sueldo a un insensato o a un borracho.
11 Como el perro vuelve sobre su vómito, así el insensato reincide en su necedad.
12 ¿Has visto a un hombre que se tiene por sabio? Se puede esperar más de un necio que de él."
PROVERBIOS, 26, 1-12
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30 Noviembre 2010
-Comenzar por el texto del Juicio Universal: "Venid, benditos de mi Padre a gozar del Reino...,porque tuve hambre y me dísteis de comer..."
-Una cita signficativa: "Bienaventurados los pobres de espíritu..."
-Diversas formas de pobreza:
a) material
b) cultural (falta de conocimientos necesarios para vivir o para desempeñarse en el mundo, empezando por el analfabetismo)
c) espiritual (analfabetismo funcional de las masas, que no del pueblo; se traduce en la entropía cultural, simultánea de la nivelación total y de la ausencia de circulación vital, de maestros aceptados como tales y, por consiguiente, de discípulos.
-Situación actual:
a) anverso: pobreza material del Tercer Mundo
b) reverso: pobreza espiritual del Primer Mundo
(pero no hay reciprocidad: los países pobres admiten su pobreza material, que es remediada en parte; los países ricos no admiten su pobreza espiritual y, por tanto, apenas reciben nada a cambio...; así, los que dan dinero suelen tener "buena conciencia"; pero apenas les aprovecha, pues no saben reconocer lo que reciben; en todo caso, Dios les tendría en cuenta sus buenas acciones, si las hiciesen por Él, cosa que en muchos casos no ocurre).
-Para una profundización en el tema de la pobreza:
-Todo el mundo puede dar algo; por tanto, no existe la pobreza radical.
-Identidad entre Cristo y el pobre o el que sufre: "Se hizo como nosotros".
-La pobreza espiritual de la que se habla en las bienaventuranzas: vaciarse y desapegarse de todo, para abrirse a Dios, el único que nos colma.
-Pobreza y amor (Eros como "hijo de la abundancia y de la indigencia", que decía Platón; el ser humano ama a quien le sirve de complemento o a quien le da lo que le falta. Aquí podemos incluir a Dios como objeto directo. Pero Él "nos amó primero", como dice san Juan, y con absoluto desinterés, puesto que no nos necesitaba para nada). Pues Dios es el único capaz de comunicarnos el "amor sobrenatural", el amor de caridad.
-Si para amar o desear en sentido natural hay que sentirse pobre, para amar sobrenaturalmente hay que sentirse absolutamente despegado de sí mismo. No se busca recibir, sino un puro dar.
-Diferencia entre amor al prójimo y "caridad": no se trata simplemente de dar algo a los demás, sino de darse a sí mismo, como hizo Cristo, que, "sintiendo como rapiña ser igual a Dios, se anonadó a sí mismo y se hizo hombre por nosotros". Se hizo pobre para hacernos ricos a nosotros. Es la diferencia entre el dar humanitario y la auténtica caridad, el "agape" (nombre griego para "caritas").
-"Pues aunque lo diese todo...si no tengo caridad...", decía san Pablo. ¿Qué es entonces la caridad? Entregarse a los demás de manera que ellos lleguen a salvarse (decía santa Teresa que nadie nos ama más que quien se preocupa continuamente por nuestra salvación: "Nadie nos ama más que el que está dispuesto a dar la vida por nosotros" ("Sea yo anatema por vosotros..", decía san Pablo; y san Juan María Vianney, el santo Cura de Ars imponía poca penitencia a quien iba a confesarse con él: la cargaba él sobre sus espaldas).
-Pobreza como condición de la caridad (sólo puede amar a los demás con amor de caridad aquél que quiere abismarse en Dios: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...y al prójimo como a tí mismo" (para quienes están en una oficina de "Cáritas": si allí hubiera un rótulo que dijera "Amor" o "Dios", ¿no os asustaríais de no estar a la altura de las circunstancias? Pues de eso se trata. Palabras como "pordiosero" nos ponen sobre la pista. Y se nos pueden aplicar a cada uno de nosotros...)
-Porque Dios se siente absolutamente pobre, por eso puede amarnos en Cristo con amor de caridad. Sólo mediante la identificación con Cristo (el cristiano es "otro Cristo") es posible un amor semejante.
-"Obras son amores", dice el refrán; y, sin embargo, san Pablo señala la posibilidad de que uno que "da todo su dinero a los pobres y entrega su cuerpo a las llamas" pueda, no obstante, carecer de caridad. Luego la caridad supone algo más: la superación del yo egoísta y centrado en sí mismo, el amor sin contrapartida.
-Sólo Dios puede otorgarnos la capacidad de amar que lleva consigo la auténtica pobreza: pues Dios Padre, siendo rico, se da al Hijo, que, vacío de sí mismo, recibe en sí la riqueza del Padre y, en lugar de guardarla para sí, se la devuelve; y en este ir y venir de la riqueza que es el amor consiste el Espíritu Santo.
-De esta manera, nosotros podemos sentirnos a la vez ricos y pobres en la medida en que entramos en el círculo amoroso de la Trinidad. Pues ¿quién puede dar sin medida? Aquél que se siente uno con Dios y, por ello, no se guarda nada para sí.
-¿Quién es verdaderamente rico? El que lo da todo. ¿Quién es pobre? El que se considera indigno de recibir nada. Así, el que todo lo da, todo lo recibe, pues Dios se lo devuelve con creces. Si Dios se hizo pobre para que nosotros nos hiciésemos ricos, justo es que nosotros hagamos lo mismo con nuestros hermanos. De esta forma, el mundo participará del ser de Dios.
-Me diréis: "¡Qué poco podemos hacer nosotros!" Os respondo: "Dios hará el resto".
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7 Agosto 2010
Hablando sobre el perdón de las ofensas, san Agustín alude a la exhortación del Señor a no despreocuparnos de los pecados de nuestros hermanos: "Si pecare tu hemano contra ti, corrígele a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano; si, en cambio, te desprecia, lleva contigo dos o tres, para que con el testimonio de dos o tres testigos adquiera firmeza toda palabra. Si también los desprecia a ellos, comunícalo a la Iglesia. Y si desprecia a la Iglesia, sea para ti como un pagano y publicano" (Mt 18,15-17).
En el capítulo siguiente, a la pregunta de Pedro sobre si hay que perdonar al hermano tan solo siete veces, el Maestro responde: "No solo siete veces, sino setenta y siete" (v.22). Y propone a continuación la parábola del padre de familia que se puso a pedir cuentas a sus siervos y que, al enterarse de que uno de ellos (a quien había perdonado una deuda de diez mil talentos) no consintió en condonar a un consiervo una deuda mucho menor (cien denarios), ordena que se le exigiese todo lo que le había perdonado antes. Y concluye Jesús: "Así hará con vosotros vuestro Padre celestial si cada uno de vosotros no persona de corazón a su hermano" (v.35).
Sabemos, por otra parte, que con el número 77 se quiere significar "siempre", a saber que no hay culpa a la que podamos negar el perdón, a ejemplo de Cristo, que, habiendo encontrado en los pecadores millares de pecados, los perdonó todos. Así lo confesamos en el Padrenuestro cuando decimos "Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden".
¿En qué se basa semejante simbolismo? Hace constar san Agustín cómo, a propósito del Señor, el evangelista san Lucas menciona su genealogía por el orden, sucesión y rama que conducía a la generación de la que nació Cristo. Si san Mateo comienza por Abraham y, en orden descendente, llega hasta José, san Lucas cuenta en orden ascendente. ¿Por qué esta diferencia? Porque Mateo expone la genealogía de Cristo en cuanto que descendió hasta nosotros, mientras que Lucas empieza a contar en el bautismo de Cristo. Es decir, el punto de partida es Cristo y el de llegada Adán, el primero en pecar. Y si no se pasó por alto ninguna generación, tampoco se pasó ninguna culpa sobre la que no recayese el perdón. Por tanto, el contar las setenta y siete (2) generaciones del Señor, número que éste utilizó al hablar del perdón de los pecados, tiene el mismo significado que el enumerarlas desde el bautismo, en el que se perdonan todos.
Pero, como observa el Santo, hay un misterio mayor todavía. Si la justicia radica en la ley de Dios y ésta se encierra en los diez mandamientos. Por eso se dice en la parábola que el siervo debía diez mil talentos, número en el que están significados todos los pecados en su relación con el número de la ley. En cuanto a su consiervo, debía cien denarios, una cifra simbólicamente no menor, pues cien veces cien hacen diez mil, y diez veces diez, cien.
Y continúa san Agustín desarrollando el simbolismo en toda su riqueza: por el bautismo quedamos liberados, pues se nos perdonan los "diez mil talentos". El no perdón del a su consiervo viene significado por el número once, la transgresión, pues si la ley es el diez, el pecado es el once. ¿Por qué? Porque para llegar al número once hay que pasar por el diez. Si la ley es la medida, la transgresión de la misma que es el pecado, de manera que ambos se relacionan entre sí como el diez y el once (3).
Y concluye el Santo aludiendo a cómo en la fabricación del tabernáculo se tuvo en cuenta este simbolismo. Entre otras cosas se dispuso que se hicieran once, no diez cortinas de pelo de cabra, puesto que en el pelo de cabra se simboliza el perdón de los pecados. Por otro lado, el número siete simboliza la totalidad, pues el tiempo se desarrolla en el sucederse de siete días. Por eso cuando el Maestro dijo setenta y siete quiso simbolizar todos los pecados, pues once por siete son setenta y siete.
NOTAS
1) Sobre los Evangelios Sinópticos, en: Obras Completas, X, Madrid, 1983, B.A.C., 483-493.
2) En diferentes pasajes de sus obras, Jean Gaston Bardet entiende el simbolismo del 77 (el perdón) a partir de la suma de 34 ("espíritu") y 43, su inverso ("carne"). Algo así como la armonización de ambos.
3) Sería interesante, a la luz de las reflexiones agustinianas, pensar sobre la presencia del número 11 en algunas fechas trágicas no lejanas.
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24 Julio 2010
En la estela de quienes han olvidado la realidad del pecado original y sus consecuencias en todos los órdenes, incluido el político, la mayoría de los defensores de la ideología liberal se muestran decepcionados ante el comportamiento de las masas.
Piensan: Cómo no van a preferir la libertad a la esclavitud? Pues no, ya que la primera supone una capacidad de reflexión y una asunción de responsabilidades demasiado difíciles para quienes nunca llegaron a vivir o a asimilar colectivamente semejantes ideales. Y es que éstos no son otra cosa que ideales humanos profesados, en el mejor de los casos, por una minoría más o menos amplia de personas y cuya plena realización no es posible al margen de la fe cristiana.
Piensan: Cómo no van a preferir la prosperidad subsiguiente a la economía de mercado, al férreo control estatal que conduce a la pobreza o la indigencia? Pues no, ya que las masas en cuestión están habituadas a confiar en la protección de Papá Estado. Y lo están porque, lejos de afrontar la responsabilidad individual, opinan que el individuo ha someterse en todo a la tutela del Estado, verdadera caricatura de la Providencia. Por eso la sociedad oscila entre la autoafirmación esporádica de la propia individualidad y la subordinación al despotismo estatal en toda su crudeza, aunque se halle enmascarado bajo las apariencias democráticas.
Piensan los liberales: ¿Cómo no van a preferir las masas el olvido catártico de los traumas aportados por una historia desgarrada, a una rememoración desastrosa de los mismos? Pues no, prefieren resucitar los odios ancestrales. Y es que el olvido en cuestión no suele basarse en el perdón, sino en el debilitamiento de la memoria colectiva. Y así sucesivamente.
Las conclusiones anteriores no deben de extrañar a nadie: en efecto, durante el tiempo en que se hallaban vigentes hasta cierto punto los ideales cristianos, la sociedad entendía de alguna manera el lenguaje liberal; hoy que semejantes ideales han quedado en segundo plano para vastos segmentos sociales, hemos perdido hasta el instinto de conservación y apenas somos capaces de valorar la libertad y sus derivados.
Por eso, a falta de una ayuda espiritual superior, las virtudes humanas pueden apuntalar durante algún tiempo el edificio social, pero nunca garantizarán su solidez de una vez para siempre.
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14 Julio 2010
Jesús alude a ellos en el pasaje del juicio final como los "lugares" de su "presencia" y los destinatarios de las obras de misericordia.
San Agustín habla en el mismo sentido a propósito de quienes reciben a un profeta como profeta, etc. Y también los define como los verdaderamente humildes y los que no tienen otra posesión que Dios mismo.
Olvidamos con frecuencia quiénes son los pobres por quienes la Iglesia del Vaticano II ha hecho una "opción preferencial". Y es que, valga la redundancia, "pobre" lo que se dice "pobre" es lo que a veces se oye y se lee sobre el particular.
De quienes tiene el Señor misericordia, esos son los pobres y los humildes (como la Virgen del "Magnificat") y no hay otros.
¿Y quién puede tener entrañas con esos pobres sino el que conoce el amor de Dios y la misericordia divina? En definitiva, se trata de sentirse pobre delante de Dios.
La Iglesia no es una ONG. Con bastante acierto alguien comparó la relación entre los gobiernos y las ONG con la existente entre el rico zafio y vulgar y la mujer con "glamour" a través de cuyo connubio se "redime". Por eso muchas veces sería más exacto designar a esas organizaciones con las siglas OSG (sí gubernamentales).
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14 Julio 2010
"Enseñar al que no sabe". ¡Qué campo inmenso constituyen nuestras sociedades "avanzadas", ante las que palidecerían los habitantes de aquella Nínive a la que fue enviado el profeta Jonás y que, al decir del Señor, "no sabían distinguir la mano derecha de la izquierda"!
"Dar buen consejo al que lo necesita". ¿Y cuántos hay capaces de pedirlo?
"Corregir al que yerra". En la masa amaestrada "demagogico modo", todo el mundo es maduro y nadie se equivoca, como no sea en cosas secundarias o en asuntos técnicos, pues en lugar de verdad, sólo hay opiniones, todas, por definición, equivalentes. Como diría Platón, en el mundo de las sombras sólo cabe disputar acerca de qué sombra o imagen tiene prioridad o resulta más útil, asunto que en su día tematizó con originalidad Roth en "El Anticristo".
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7 Julio 2010
En el sermón 109 sobre los Evangelios Sinópticos, san Agustín aborda el texto de Lc 12,56-59, en el que se habla de los signos de los tiempos, un tema de particular importancia en todas las épocas, ya se refiera al fin del mundo en general o al fin del tiempo de la vida de cada persona.
En este contexto plantean un problema peculiar las palabras con las que Cristo alude a la necesidad de reconciliarse con el "adversario" mientras vas de camino con él al magistrado, no sea que te entregue a él y termines con tus huesos en la cárcel. Palabras cuya interpretación no resulta fácil y que, evidentemente, no pueden referirse al diablo, ya que de él fuimos liberados por la muerte redentora de Cristo, que nos sacó del "poder de las tinieblas".
Comparando el texto de Lucas (12,58), que dice: "Mientras vas con tu adversario al magistrado, esfuérzate por librarte de él", con el de Mateo (5,25): "Reconcíliate pronto con tu adversario mientras vas de camino con él, no sea que te entregue al juez...", san Agustín concluye que el adversario en cuestión, lejos de ser el diablo, no es otro que la "palabra de Dios" ("sermo Dei"):
"Busquemos al adversario con quien hemos de reconciliarnos para que no nos entregue al juez, y el juez al alguacil. Busquémosle y reconciliémonos con él. Si pecas, tu adversario es la palabra de Dios. Pongamos un ejemplo: Quizá te gusta emborracharte. Ella te dice: "No lo hagas". Quizá te deleitan los espectáculos y las frivolidades. Ella te dice: "No lo hagas". Quizá te agrada el adulterio. La palabra de Dios te dice: "No lo cometas". En cualesquiera pecados en que pretendas hacer tu voluntad, te dice: "No lo hagas". Ella es el adversario de tu voluntad hasta que llegue a convertirse en autora de tu salvación. ¡Oh buen enemigo! ¡Qué provechoso adversario! No busca nuestra voluntad, sino nuestra utilidad. Es nuestro adversario, mientras lo somos nosotros de nosotros mismos. Mientras tú seas adversario de ti mismo, tendras adversa la palabra de Dios. Hazte amigo de ti mismo y te habrás reconciliado con ella. No seas homicida: Escúchalo y te reconciliaste. No forniques: Escúchalo y te reconciliaste. No profieras falso testimonio: Escúchalo y te reconciliaste. No desees la mujer de tu prójimo: Escúchalo y te reconciliaste. No codicies los bienes ajenos: Escúchalo y te reconciliaste. En todas estas cosas te reconciliaste con tu adversario. ¿Perdiste algo? No sólo no perdiste nada, sino que te hallaste a ti mismo que te habías perdido. El camino es esta vida. Si nos reconciliamos con el adversario, si nos ponemos de acuerdo con él, al final del camino no temeremos ni al juez, ni al alguacil, ni la cárcel"(1).
(1) Sobre los Evangelios Sinópticos, Obras Completas de San Agustín X, Madrid, 1983, B.A.C.,780-781.
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19 Mayo 2010
"Como quien compone un cacharro roto es el que enseña a un necio;
Es despertar a un dormilón que duerme profundo sueño.
Es hablar con un dormido el hablar con un necio, que al fin acabará por decir: "Qué pasa?".
Llora al muerto, pues se extinguió su luz, y llora al necio, pues se extinguió su inteligencia.
No llores demasiado por un muerto, pues ha logrado el reposo;
La vida del necio es peor que la muerte.
El duelo por un muerto dura siete días, pero el duelo del necio y del impío, todos los días de su vida.
Con el necio no hables demasiado, ni vayas con el insensato.
Guárdate de él si quieres evitar el fastidio, y no te manchará con su contacto.
Apártate de él y tendrás descanso, y no tendrás que sufrir de su necedad.
Que es más pesado que el plomo; y cómo llamarle sino necio?
Carga de arena, de sal, de hierro, son más fáciles de sobrellevar que un necio".
Eclesiástico, 22, 7-18, en: Nácar-Colunga, Sagrada Biblia, B.A.C., Madrid 1976, 786-787.
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