La Coctelera

¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

Categoría: educación

13 Noviembre 2009

DEL BLOGGER (XII): PADRES

Influencia de la religiosidad de mi madre, intensa y sincera siempre. Sentido práctico y preocupación muy concreta por sus hijos (estudios medios gracias a ella, que hubiera querido lo mismo para mis hermanos, siempre de acuerdo con las capacidades de cada uno).

De mi padre he de destacar su racionalismo, singularidad y espíritu asocial. Religioso en el fondo, no en la forma ("Si un día se hubiera caído la iglesia, no lo hubiera pillado"). Hombre sentencioso y con gran capacidad de relación, a la vez que un poco misántropo, quizá por el cansancio que le producía el contacto con la gente (veía falta de "valores"; pionero en la utilización de un vocablo del que hoy estamos hasta las cejas), rasgo que, en parte, he heredado. Lenguaje muy particular y conciencia de la propia valía. "No leas tanto, hijo. Los libros son un negocio; cada uno escribe lo que se le ocurre, y es una forma de vivir como otra" -me decía. Bastante tiempo después comprobé hasta qué punto era acertado su intuitivo diagnóstico.

Cuando entré al Seminario no le agradó mucho. Pero tampoco le gustó que pidiera la secularización. "Las cosas hay que llevarlas hasta el final" -me dijo. "A la joven generación de seminaristas y de curas se os nota falta de "melodía” (fuerza de convicción).

Otra sentencia: "¿Qué es eso de volverse loco? Si yo quisiera, también me volvería loco".

 

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28 Marzo 2009

DEL BLOGGER (VI)

 

 

El Bachillerato, cursado siempre en enseñanza libre, con escasas referencias o comparaciones con los alumnos oficiales. A diferencia de la enseñanza primaria, marcada por la figura del maestro, el Bachillerato supuso en su mayor parte el estudio de libros de texto, con poca presencia del profesor, que se limitaba casi a ejercer un trabajo de supervisión en algunos puntos. Posteriormente en mi vida se han alternado momentos de disciplina "libresca" (en los veranos mis sesiones de lectura se prolongaban de la mañana a la noche, hasta que "me dolía la cabeza") con otros de "discipulado".

 

De hecho, la única época en que esta tendencia se vio atenuada, aparte del periodo de mis estudios primarios, fue durante los años de Seminario, en los que el influjo de algunos profesores sobre mí fue grande, especialmente el de D.Santos Gutiérrez, que, sin pretenderlo, adquirió ante mis ojos la dimensión de un verdadero director espiritual. Él sabía inspirar a la vez respeto y confianza. Espíritu filosófico, detestaba la "espiritualería" y desconfiaba de liturgismos, pastoralismos y "sociología obrerista". De una enorme capacidad crítica, que ponía de manifiesto en clase contra los sistemas filosóficos y que no dejaba títere con cabeza.

 

En la Universidad Gregoriana no había controles ni preguntas, a diferencia del Seminario. Los profesores, lógicamente, aparecían más lejanos. En realidad, se trataba de enseñanza oficial sobre el papel, pero, en el fondo, libre, aunque no tanto como la del Instituto. En este sentido, el hábito de estudio adquirido en edad temprana y el prepararme para unos exámenes libres fueron decisivos más adelante, por más que la influencia ambiental siempre se notase. Ello me ayudó a desarrollar por encima de todo el trabajo personal y me otorgó una gran capacidad para trabajar solo, una constante en toda mi vida. 

Adolescencia : centrada en su primera mitad, hasta los 15 años, en los estudios de Bachillerato, y en la segunda, en los estudios filosóficos, durante la estancia en el Seminario. Guiada por la visión de un mundo resplandeciente y lleno de Dios y por ideales de pureza, algo casi impensable en las jóvenes generaciones, marcadas por el descubrimiento de una sexualidad enfermiza y omnipresente. El paso de una "civilización del bien" a una "civilización del mal" se hace aquí particularmente patente. Supuestos los principios religiosos y cristianos, el fomento del deporte y del ejercicio físico se planteaban como una alternativa a la obsesión por el sexo y al envejecimiento prematuro, tan característicos de generaciones posteriores, que, no obstante cultivar el cuerpo con ahínco, aparecen más estáticas y sedentarias, perdido en gran parte el brillo en los ojos que acompaña a la autodisciplina moral.

 

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9 Febrero 2009

JUVENTUD Y MADUREZ

Cuando, al aproximarse la madurez, uno percibe hasta qué punto las etapas anteriores de la vida no han sido gobernadas plenamente por la conciencia, sino más bien por un “impulso inconsciente” o meramente “existencial”, no está lejos de concluir que las grandes opciones de la juventud (en esa edad se toman la mayoría de las decisiones que luego marcarán la vida entera) vienen iluminadas por nuestros “tutores” (angélicos o no) y ayudadas especialmente por la Providencia. Y no es que la Providencia deje alguna vez de estar presente, sino que en cada edad actúa de acuerdo con las características propias de la misma. Pero es en la madurez cuando adquirimos la suficiente distancia para comprenderlo.

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15 Junio 2008

SOBRE AMOR Y AMISTAD: COMENTARIOS ASTROLÓGICOS

-Amor y amistad(Mercurio es el significador de la amistad (III), de manera que no existe relación de pareja entre amigo y amigo; en efecto, si mi amigo es la III, yo soy la I(pero ¿ y la relación cuasi de pareja que define a los Gemelos?); como también puede aplicarse el simbolismo al "compañero" y al "hermano"; en principio, las relaciones de amistad no deberían de interferir con el matrimonio, pues son "andróginas", lo cual se ha dicho tradicionalmente de Mercurio. (Otra cosa es el "socio" o el "aliado", los únicos que pueden entrar en conflicto con el cónyuge: Venus, para el varón; Marte, para la mujer).

-¿Y la "amistad" con los "tutores", "amigos mayores" y similares, qué planeta la rige? Está claro que será Saturno, en su aspecto "diurno". Tampoco aquí se trata de casas complementarias, pues si mi tutor es la XI, yo soy la I.

-¿Qué papel desempeñan aquí los planetas nuevos? Urano (aunque su regencia se atribuya a Acuario y Capricornio, es decir, a la XI y la X) significa la puesta en cuestión de todas las relaciones humanas en el sentido de un nuevo individualismo, como Neptuno (aunque rija los signos de Sagitario y Piscis, o las casas IX y XII) pone en entredicho tales relaciones en el sentido de un nuevo colectivismo, y como Plutón (aunque su gobierno se ejerza sobre Aries y Escorpión, o las casas I y VIII) trata de crear un nuevo individualismo que supere el colectivismo neptuniano; y así podríamos seguir hablando de los planetas transplutonianos).

-POR CONSIGUIENTE, TALES PLANETAS, AL FORMAR ASPECTOS CON MERCURIO O AL SER SUS DISPOSITORES, MODIFICAN EL CONCEPTO DE AMISTAD CADA UNO EN SU LÍNEA PECULIAR.

-¿Por qué se dice de Urano que es "andrógino"? Quizá por la semejanza entre la "amistad de iguales" y la "amistad de mayor a menor". En cualquier caso, la amistad es una relación en la que no interviene el sexo, es decir, puramente intelectual o espiritual, por más que a partir del descubrimiento de los planetas nuevos sea puesta en tela de juicio desde diferentes instancias.

-Otra cosa es la tendencia homosexual, que implica ante todo ángulos conflictivos con Marte o Venus, especialmente de la "Luna negra", aspectos que tienden a crear una "inversión", que puede apoyarse en la debilidad de tales planetas por signo (Marte en Tauro, Libra o Cáncer; Venus en Aries, Escorpión o Virgo), como también malos aspectos a Mercurio o a Urano, planetas de la amistad, sin hablar de Sol en Libra o Acuario, y de Luna en Capricornio o Escorpión. Pero son los ejes de la "Luna negra" y el "Dragón" los que, superponiéndose a las debilidades planetarias, pueden desencadenar el "complejo" decisivo.

-¿Y el matrimonio, ¿cómo se ve afectado por la nueva “atmósfera” creada por Urano y Luna negra? Algunas cuestiones: comunicación espiritual y desencuentro sexual; "conocimiento bíblico" y "árbol de la ciencia"; vergüenza y desvergüenza; ausencia de respeto y de trascendencia personal; sexualidad vivida como intimidad polarizada y no exteriorizable a cualquiera, salvo a aquella persona con la que se da una relación completa; "ocultación" en la mujer; "mostración" en el varón; sólo cuando se da la comunicación espiritual debe darse la del cuerpo: "ni más ni menos". En el varón predomina la disociación; por eso es más apto para la amistad o para la idealización, poética o no. En la mujer domina la unión, por eso es menos apta para la amistad.

-¿Cómo interpretar entonces la aparente capacidad de la mujer contemporánea para la amistad? ¿Quizá como una virilización de la mujer?(Venus/Urano). ¿De ahí la puesta en cuestión de la pareja como relación central? Parece, pues, que en lo sucesivo, la pareja estaría más basada en el varón que antes, cuando se fundaba casi exclusivamente en el talante unitario, no separativo de la mujer. (Urano como "trangresor", así como Luna negra: categorías muy adecuadas para entender toda esta cuestión). En el varón, la vibración Marte-Urano se manifestó antes; en la mujer, la vibración Venus-Urano aparece más tarde; pero, en cualquier caso, la pareja es afectada por Urano(curiosamente, en nuestra estructuración de los planetas nuevos, Urano está exaltado en Libra; cosa lógica, si Urano es como una “octava” de Saturno; pero, hasta ahora, su impacto en la experiencia todavía no se había presentado con claridad).

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1 Abril 2008

NOTAS ASTROLÓGICAS SOBRE LA VEJEZ

Distinguía antaño la astrología en el hombre siete edades en correspondencia con los siete planetas tradicionales. La última de ellas, la vejez, estaba bajo el dominio de Saturno, el más alejado de los planetas y al que se atribuían características tales como sentido del tiempo, capacidad para el esfuerzo sostenido, realismo, paciencia, temperamento melancólico (el más profundo de los "humores", según Kant, íntimamente relacionado con el talante ético).

¿Ha cambiado la acepción "terminal" de Saturno como consecuencia de la aparición de los planetas nuevos, Urano, Neptuno y Plutón, y los que eventualmente surjan en el futuro? No hay que olvidar que, por vía matemática o intuitiva se ha llegado al "descubrimiento" de varios de ellos: Proserpina, Vulcano, Koré, Ceres, Palas...; en rigor, sólo deberían faltar dos, hasta completar la cifra de doce, el número de los signos zodiacales, en cuyo caso quedaría la órbita de Saturno como "cielo" central). De todos modos y puesto que los planetas nuevos afectan ante todo a la humanidad desde una óptica colectiva, Saturno continuaría simbolizando el término del hombre individual, mientras que el último planeta habría que referirlo al fin del hombre colectivo. Semejante observación es importante, pues, de otro modo, falsearíamos el simbolismo tradicional del planeta. Y así, las nociones de cristalización, destino, culminación, plenitud, que habitualmente se relacionan a distintos niveles con Capricornio y la casa X se aplicarían igualmente a la vejez.

Se nos objetará (y en la mayoría de los casos, con toda la razón) que tales características en nada corresponden a lo que realmente es la vejez para muchas personas: decadencia alarmante de las funciones físicas, emocionales y mentales, entrada en una "segunda infancia" cuyo carácter regresivo salta a los ojos y, lo que es peor, colapso de las pautas morales que habían presidido su vida anterior, con el consiguiente enclaustramiento en un egoísmo o "autismo" que sorprende a los familiares o a quienes cuidan del anciano en su última etapa. ¡Cuán lejos estamos de la ancianidad como lugar de la sabiduría y faro que guiaba a las generaciones más jóvenes en el piélago de la existencia y cuya "auctoritas" era siempre punto de referencia en la vida privada y pública, fuente de consejo y factor de equilibrio!

¿Cómo explicar astrológicamente esta decadencia? No basta conectarla con la debilidad de la posición de Saturno ("exilio" o "caída") en los temas astrales de algunas personas, puesto que se trata de un fenómeno colectivo. Más bien hay que relacionarlo con la transformación radical de la vida cotidiana que se inicia a finales del siglo XVIII (simultánea con el descubrimiento de Urano) y que puede calificarse de "modernidad propiamente dicha". Los enormes progresos de la medicina y la higiene, unidos a la rápida tecnificación de la sociedad desembocan en un aumento de la esperanza de vida (que culmina en nuestro siglo) y en el mejoramiento de ciertas condiciones materiales de la existencia.


Ahora bien, tales conquistas tienen también su reverso. Es lo que expresan y significan los planetas nuevos, que introducen posibilidades inéditas (buenas y malas), en una dialéctica cuyos polos indicamos de forma casi telegráfica: Urano: la conciencia individual moderna, los derechos humanos, el lema "Libertad, igualdad, fraternidad", la creatividad, los logros científicos, pero también la aparición de una mentalidad cientificista, que inaugura un "prometeísmo" manifestado por doquier y que se traduce, por ejemplo, en el manejo de energías peligrosas o, en todo caso, energías sobre las que no se tiene pleno control. Neptuno: la compasión universal, los movimientos colectivistas y utópicos, las nuevas ideologías y "místicas", "la felicidad para el mayor número" como ideal, pero también el autoengaño, la excesiva euforia, el fanatismo. Plutón: la "muerte y regeneración espiritual", pero también la tensión entre el individualismo y el colectivismo modernos que tiende a polarizar el planeta en dos bloques, la confianza en la explotación de la energía nuclear como panacea universal, la explotación masiva e indiscriminada de los recursos de la Tierra, el estado de "guerra permanente" y la crisis final de la modernidad, destruida por las contradicciones que la habitan.

Todas estas circunstancias explican que el alargamiento de la vida (un fenómeno que, conforme se generaliza, merece reflexiones cada vez más apremiantes y que halló un tratamiento precoz en la interesante novela de Aldous Huxley, "Viejo muere el cisne"), que parecía una conquista irreversible, haya visto

comprometidas sus ventajas por otros tantos inconvenientes, haciéndonos ver con claridad que en lo que respecta a la modificación de la existencia humana no bastan los planteamientos cuantitativos. Aquí sería de aplicación directa el clásico "Propter vitam vivendi perdere causas", pues ¿de qué sirve una larga existencia cuando no va acompañada de motivaciones para vivirla? ¿Acaso la prolongación indefinida de una vida poco más que vegetativa puede ser considerada un logro?


Evidentemente, la culpa de la situación no es achacable a la aparición de los planetas nuevos, un fenómeno en sí mismo neutral y que expresa el surgimiento de nuevas condiciones de vida en el planeta. Es la libre utilización por parte de la humanidad de las energías por ellos significadas la que ha originado la situación presente. Y así, el empeoramiento cualitativo de la existencia se ha traducido también en el fenómeno de los "nuevos ancianos". Curiosamente, la noción misma de "novedad", por antonomasia "uraniana", nos pone sobre una pista interesante: que nosotros sepamos, en la historia "reciente" de la humanidad es la primera vez que la esperanza de vida de las personas empieza a rebasar los ochenta años ("y el más robusto hasta ochenta", dice el Salmo. Y si el Génesis sentencia que "en adelante, la vida de los hombres no pasará de ciento veinte años", alude al acortamiento de la vida subsiguiente a la degradación espiritual inmediatamente anterior al Diluvio). Una cifra que se aproxima al período de revolución de Urano (ochenta y cuatro años), el menos lento de los planetas colectivos. A falta de una transformación espiritual paralela, la persona que alcanza esa edad corre el riesgo de convertirse en un ser que, en cierto modo, rebasa sus posibilidades individuales, en un sujeto pasivo, mera "cobaya" de los "adelantos" científicos de la época. No hablemos de las personas cuya edad se sitúa ya dentro del período de revolución de Neptuno (significador, entre otras cosas, de drogas y medicamentos todavía más potentes y sofisticados), es decir, de ochenta y cuatro años en adelante (El "Señor de los océanos" cumple su revolución cada 165 años).

¿Podría haber existido otra utilización, positiva, de las nuevas energías planetarias? Indudablemente, sí. ¿De qué manera? A partir de una no degradación de la conciencia moderna, que quizá se conservó pura en los primeros instantes, en los que se vio a sí misma no como instancia autónoma y separada, sino como una nueva ocasión de madurar que extraía en último extremo su fuerza del arraigo en el mundo espiritual (baste pensar en los primeros representantes de la modernidad).

Todo ocurre, pues, como si la humanidad moderna, en lugar de reforzar el vínculo con las propias raíces espirituales (alcanzando así la originaria longevidad atestiguada por tantas tradiciones), se hubiera entregado como nunca al disfrute y exploración de los "poderes" materiales y, cual aprendiz de brujo, hubiese desencadenado fuerzas que no está en su mano controlar: los goces mundanos y la eterna juventud que Mefistófeles le promete a Fausto se truecan, a fin de cuentas, en una existencia gris, apenas merecedora de ser vivida. Se desmiente así la muerte próxima del cisne, que su canto solía anunciar. La extrema discordia entre los "esposos", entre el alma y el cuerpo, cantada por Georges Brassens ("...Lorsque mon âme et mon corps ne seront plus d´accord que sur un seul point, la rupture...") y que preludiaba el fatal y misericordioso desenlace, puede ahora prolongarse indefinida y patéticamente.

¿Qué actitud deberían tomar entonces las generaciones más jóvenes ante semejante fenómeno? En primer lugar, tratar de aprender "en cabeza ajena" los estragos causados por un exceso de confianza en la ciencia, que, para la mayoría, se ha convertido en una instancia poco menos que infalible: los aspectos más profundos de Urano tienden a liberarnos precisamente de cualquier concepción esclerotizada de la realidad, para no caer en nuevos dogmatismos, peores que los antiguos. En segundo lugar, desarrollar el sentido de la compasión universal que acompaña al simbolismo de Neptuno; ello nos llevará a cargar noblemente con la parte de obligación que nos corresponda y a soportar las limitaciones que el cuidado de los "nuevos ancianos" nos imponga. Finalmente, no pensar siquiera en "soluciones" como la eutanasia (tomándonos las cosas humorísticamente, ello equivaldría a decir con Peter: "Si no lo ha conseguido con tres errores, pruebe con cuatro"). Astrológicamente, optar por dicha "solución" sería dejarse llevar por las peores "vibraciones" de Plutón, el planeta cuya función más elevada es justamente preparar a la humanidad para una transformación espiritual sin precedentes, de la que la eutanasia o el suicidio no son sino lamentable caricatura e inversión. Este universo no está hecho a la medida del hombre mezquino y egocéntrico, sino de aquel que sabe comprender que los "contrarios" (actividad y la pasividad, fuerza y debilidad, salud y enfermedad...) son dos caras del indecible misterio que nos envuelve.



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18 Enero 2008

LOS ABUELOS O EL SÉPTIMO DE CABALLERÍA


Cuando uno mira alrededor y ve el espectáculo desolador de tantas familias deshechas, lo que siente en un primer momento es indignación hacia aquellos gobernantes que, con su ceguera o imprevisión (cuesta pensar que se trataba de mala voluntad), contribuyeron a fabricar las condiciones que han engendrado el panorama actual. Tarde y mal, como suelen hacerse tantas cosas en España, llegamos a la democracia. Y buena parte del pueblo, sobre todo la juventud, entendió que la democracia consistía simplemente en hacer cada uno lo que le viniese en gana, sin trabas de ningún tipo y tirando por la borda cuanto perteneciera al pasado. La desafortunada frase "¡A colocarse y al loro!", los ditirambos a la "movida", la idea de que "la vida es una fiesta" y otras consideraciones similares se impusieron con facilidad gracias a la televisión, cuya nefasta influencia sobre las masas tuvimos ocasión de comprobar (del “suma y sigue” a partir de 2004 y de los proyectos de ingeniería social puestos en marcha desde entonces ¿qué vamos a decir?).

En este caldo de cultivo pasaron su juventud buena parte de las parejas que, al separarse, se desentendieron de sus hijos. Una catástrofe social que hubiera podido ser mayor de no mediar la generosidad y el sentido de la responsabilidad de no pocos abuelos, que, a la vista de tanto abandono, suplieron en lo posible a sus hijos en la labor paternal y educadora de la que éstos hicieron dejación. Surge así una figura benéfica en medio de tanta irresponsabilidad y desgracia. No en vano, desde siempre, las deficiencias de la sociedad fueron remediadas o, al menos, paliadas por el esfuerzo suplementario de los mejores. No fue distinto esta vez. Gracias al buen hacer de estas personas, no ocurrió lo peor. Pues, lejos de lamentar "el tiempo que perdieron en su juventud sacrificándose por sus hijos, en lugar de divertirse y pasarlo bien" (¡trágico espectáculo el de un anciano al que unos descerebrados consiguen convencer de que ha "estropeado" su vida y de que todavía puede "recuperar" el tiempo perdido! Dios, ¿por qué tendremos que soportar espectáculo tan miserable?), continuaron sacrificándose, ahora por sus nietos.

Pues bien, por si fuera poco, no tendrán más remedio que arrimar el hombro en otros aspectos de la educación. Por ejemplo, hoy que la función del maestro es tan poco valorada y, en ocasiones, tan combatida por los padres (¡qué suicidio!), los abuelos, que recibieron ellos mismos una educación sólida, basada en principios y valores, y que están acostumbrados a ver la figura del maestro en sus justos términos, podrían utilizar el ascendiente que poseen sobre sus hijos y actuar de puente entre éstos y los docentes. Hace bastantes años, un amigo hablaba humorísticamente de la necesidad de contrarrestar las asociaciones de padres de alumnos con las de padres de profesores. Desde aquí lanzo el S.O.S.: "¡La educación se hunde. Abuelos, acudid a salvarla!"

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24 Diciembre 2006

PARA UNA PROSPECTIVA SOBRE LA INFANCIA

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1 Octubre 2006

PENSAMIENTOS: "STULTORUM INFINITUS EST NUMERUS"

Hace tiempo un autor norteamericano cuyo nombre no recuerdo dijo que el exceso de publicaciones viene a tener el mismo efecto que la falta de ellas. Y hoy puede aplicarse esto no solo a la "galaxia Gutenberg", sino también a la "galaxia Internet". Torrentes e información. ¡Falta lo principal: leerla!
Pero, dejando a un lado las dificultades de orden físico, ¿cómo esperar que la gente adquiera el hábito de leer en una sociedad como la nuestra, dominada por una cierta mentalidad moderna que se basa precisamente en el rechazo de toda autoridad y de toda tradición? Una situación que desembocó rápidamente en la "entropía espiritual", en el colapso espiritual por igualación de nivel entre los "vasos comunicantes".
En todas las épocas hubo maestros y discípulos, o sea, vasos de distinto nivel entre los que circulaba la corriente. Si se interrumpió, ¿fue porque los maestros ya no tenían nada que enseñar, o porque los discípulos se arrogaron prematuramente la condición de maestros?
Si el discípulo usurpa la categoría de maestro demuestra que su ignorancia se ha vuelto necedad.
Y si el maestro no tuvo ya nada que enseñar, quizá fue porque pensó que nada le quedaba por aprender: otra manera de enmascarar neciamente su ignorancia.
"Ni los diez mil sabios (o sea, todos los sabios del mundo) podrían contestar a todas las preguntas de un solo necio", dice un proverbio chino.
Un tema que nos llevaría muy lejos...Por ejemplo, habría que rememorar las graciosas descripciones que hace Quevedo de los distintos tipos de necedad o las hondas reflexiones de santo Tomás de Aquino, esparcidas aquí y allá, sobre el particular.

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Soy un cristiano católico que busca "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.


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